Crítica de Las cuatro hijas por MartaPD
La temática es durísima y en lo personal solo puedo pensar en cómo la represión extrema dentro de las familias por imposiciones culturales y religiosas nunca puede llevar a nada bueno. Aquí se demuestra. Olfa fue criada dentro de las pautas y roles de género de ciertas partes del Islam pero al mismo tiempo se hizo muy fuerte de joven para defender a su madre y hermanas, de manera que era capaz de pelearse con los hombres que intentaban entrar en su casa y también de evitar el sexo obligado con su marido. Curiosamente, esta fortaleza no se la transmitió a sus hijas para que fuesen mujeres independientes y hechas a sí mismas, sino para reprimirlas también en estas creencias sobre lo malo que es el cuerpo femenino; en un intento retorcido por protegerlas de los hombres ella entiende que son las mujeres las que deben de comportarse y no ser "putas". Su padre además nunca se comportó como su padre y, por lo que he entendido, el posterior novio drogadicto que se echó Olfa abusó sexualmente de una de ellas.
Aunque he visto venir que con las 2 hermanas que faltan había pasado algo que involucraba al DAESH no me esperaba para nada que saliesen imágenes reales de ellas, porque por lo visto su caso fue bastante mediático en la televisión. La verdad es que el paso que hacen de ser adolescentes góticas que se rebelan y adoran a Satán a volverse fundamentalistas islámicas de llevar burka por voluntad propia es una cosa muy muy extrema que puede confundir. Aunque vista la tremenda paliza que da Olfa a Ghofrane para que deje su fase gótica hasta lo entiendes. En su obsesión malsana por llevar a sus hijas por lo que ella considera "el buen camino" ha terminado perdiendo a 2 de ellas, que han buscado refugio en esa radicalización alimentadas por el miedo inculcado en su familia y en la sociedad. Es terrorífico el nivel de violencia física y verbal que ha normalizado Olfa con sus hijas, tanto como que las 2 que le quedan la sigan queriendo. Y bastante bien ha salido sobre todo Eya, tiene pensamientos críticos sorprendentes.
Me parece que el documental hace bien una cosa: recoger todos estos confusos y contradictorios sentimientos y actitudes en un seno de extrema violencia. Apena mucho ver la forma en la que quitan peso a ciertas vivencias mediante la risa, cómo lo tienen tan interiorizado. Si ha quedado algo claro es que la familia nuclear puede ser un foco de violencia difícil y ambiguo y que haríamos bien en ponerla en entredicho lo máximo posible, igual que cualquier otra de nuestras instituciones sociales: desde el Estado, al sistema capitalista, a la religión... Y que en algún momento tiene que llegar una generación que rompa el ciclo de la violencia para que algo cambie.
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