Crítica de La virgen roja por CrisCristii
Pero tras la imagen de esta genio se encontraba una realidad asfixiante muy similar a la creada por Bernarda Alba en su casa, pues Aurora había concebido a su hija con un único propósito: ser la madre y educadora de la mujer del futuro; libre, independiente y formada.
Pero antes de continuar debemos ponernos en contexto, si el mundo en la década de 1930 mostraba poco interés en cuanto a igualdad de género se refiere, España estaba en pañales: el 47% de las mujeres eran analfabetas, estaban comenzando a incorporarse al mundo laboral, no podían divorciarse ni administrar sus bienes y abortar era un delito. Ante esta realidad, Aurora Rodríguez Carballeira, que había tenido la posibilidad de educarse, decidió que el mundo necesitaba de una mujer-guía que cambiara por completo el devenir del futuro de las señoras. Esta utópica mujer habría de ser sobresaliente intelectualmente pero alejada por completo de sus emociones. Y así nació Hildegart, a la que quería libre, pero siguiendo sus mandatos, sin separarse ni un milímetro del camino que había trazado para ella.
Del mismo modo que a Frankenstein, le dio vida como a un experimento, pero la criatura acabó revelándose, se había enamorado. Su proyecto había fracasado.
En 1977 Fernando Fernán Gómez hizo ya una película sobre esta singular mujer titulada “Mi hija Hildegart” en la que el debate se centraba más en cómo era posible que una madre acabara con la vida de su hija y no se arrepintiera de ello . En esta ocasión el acercamiento a la figura de Aurora tiene otro tono muy distinto, la influencia del feminismo actual lo permite.
Lo que el mundo nunca entendió de Aurora es que para ella su hija era una posesión más, ella era su creadora y nadie más tenía derechos sobre su obra. Aurora se autoproclamaba feminista, quería cambiar la imagen de la mujer y daba igual el precio que tuviera que pagar para conseguirlo. Pero lo que Aurora nunca entendió es que una única mujer, aún siendo la más inteligente, nunca habría cambiado el curso de la historia, más cuando la realidad de cientos de mujeres era que ni siquiera tenían acceso a la educación y cuando España contaba ya con (pocas) mujeres académicas y esto no había evitado que los hombres las superaran en número y las eclipsaran.
La realidad es que su hija podría haber sido libre aún con un hombre al lado, y aunque formarnos nos hace más independientes, tampoco hace daño leer a Federico Moccia o a Jane Austen de vez en cuando. ¿Y es que acaso darse la mano con la persona que quieres no es todo lo que importa al final?.
Comentarios
Aaaaaaay qué cosas me dices!