Y pasando a los protagonistas: es una película que tiene como pareja a les guapísimes Brendan Fraser y Rachel Weisz en un romance típico de estas pelis pero que no se hace cargante, funcionando bien su química y sus intercambios de diálogo. Brendan Fraser está en su peak haciendo del aventurero Rick O'Connell, el típico héroe de acción carismático y algo chulillo que sabe enfrentarse muy bien a los peligros a pistoletazos. Rachel Weisz hace de Evelyn Camahan, una egiptóloga que lleva toda su vida queriendo desentrañar ese misterio y que es la que aporta el conocimiento sobre los mitos y la historia (quizás la peor parte y que peor ha envejecido es que es prácticamente la única mujer de la trama y que, a pesar de que con su inteligencia resuelve varios momentos, también cae mucho en el arquetipo de la doncella en apuros para que el héroe la salve y consiga a la chica). El músculo y el cerebro, vaya. Los secundarios también funcionan bien, incluso los menos relevantes, aunque destaca especialmente el gran villano que es Imhotep.
Entre maldiciones egipcias, momias resucitadas, artefactos antiguos y arena asistimos a un filme lleno de diversión y ritmo, con retazos de humor muy bien integrados que la convierten en una película muy disfrutona y que casi siempre apetece ver. Me parece lógico que haya terminado siendo una peli de aventuras de culto porque a posteriori tampoco ha habido tantas que hayan sabido entender y potenciar de esta manera todos los tropos clásicos del género y que simplemente funcionen tan a la perfección. También es la típica historia que juega bien con esa sensación de maravilla que sienten los fans del Antiguo Egipto y su mitología (aunque pasado todo por el filtro de la fantasía y con cero fidelidad histórica, claro está). Bien en casi todo, mal en casi nada. Una de las películas de aventuras más magnéticas y entretenidas de los últimos 30 años.
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