Crítica de Kill Bill: Volumen 2 por Pinwi
Entega que sigue donde lo dejó el Volumen 1, en la que nuestra protagonista, seguirá con su cruzada contra la gente que intentó matarla y masacró su opciones de una nueva vida.
Pese a ser una continuación de la misma historia, y pese a ciertas semejanzas de estilos, es una película que se distancia un poco de la anterior.
Me parece una película más densa, madura, con poso.
Sigue siendo una película de Tarantino, en la que los diálogos entre sicarios marcan estilo, con conversaciones en las que hay aparente cordialidad a pesar de que todos sabemos que están deseando matarse, ese manejo de la atmósfera del diálogo es algo en lo que Tarantino es un maestro.
Esta segunda parte se aleja de los efectismos de la primera entrega para tener más pausa, más diálogos, o casi más bien, más monólogos, más pensamientos en voz alta. En cierto modo, más filosofía.
De lo que no se aleja es de las artes marciales, flashback con entrenamiento incluido. Un entrenamiento que no sé por qué fue lo que más me arruinó la película hace 20 años cuando la vi. Recordaba ese momento como lo más aburrido que podría haber visto. No es que ahora me encante, pero la duración está muy por debajo de lo que esperaba.
Lo que también repite es un peculiar pero buen uso de la música.
Uma Thurman lo hace muy bien, pero la que se recordará aquí es Daryl Hannah.
Una película que puede ser café para cafeteros y que no supe apreciar en su día. Hoy, soy muy fan de este café y he disfrutado bastante más este segundo volumen. Aun así, no consigue entrar en mi top 3 de películas de Quentin.
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