Crítica de Hasta el fin del mundo por irenerestre
Es una road movie en toda regla que nos lleva de París a Australia pasando por Moscú, China y EEUU siguiendo a Claire, una mujer a la que le va la marcha y le pasa de todo, que acompaña a un hombre al que acaba de conocer que no es quien dice ser al principio y seguida de cerca por su noviete Eugene (el pobre Sam Neil, que tiene más cuernos que una cabra montesa), que es quien nos narra la historia.
Lo más llamativo es la visión futurista de 1991 de cómo sería la tecnología que tendrían en 1999, que lo vemos ahora y nos da la risa: las videollamadas, los gps, las gafas de realidad virtual... ( y ojo con el oso del programa de reconocimiento facial, lo que me he podido reír).
Si te encuentras ante un peliculón, aunque dure 3 horas te la tragas sin pestañear, pero este no es el caso. Aunque empieza entretenida y tiene algunos momentos graciosos (el parabrisas arreglado con espuma tampoco tiene desperdicio) , va decayendo conforme avanza hasta que al final ya te da igual lo que pase. Mi pésame a los que en algún momento soportaron las versiones extendidas.
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