Crítica de Harry Potter y el cáliz de fuego por BlackSwan
El Torneo de los Tres Magos funciona muy bien como excusa narrativa para llevar a los personajes al límite. Las pruebas son espectaculares, sí, pero también agotadoras, y transmiten esa sensación de “esto ya no es un juego”. El mundo mágico se vuelve más hostil, menos acogedor, y se agradece que la película no intente suavizarlo demasiado.
También entra con fuerza el caos emocional propio de la adolescencia. Los celos, las inseguridades y los primeros intereses románticos aparecen de forma torpe y a veces incómoda, pero bastante creíble. No todo encaja a la perfección, y precisamente por eso se siente más real.
Los nuevos personajes aportan misterio y desconfianza, y ayudan a que el ambiente sea más denso. Y cuando la oscuridad se manifiesta de verdad, lo hace sin disimulo. Hay un punto de inflexión muy claro que marca un antes y un después en la saga, y a partir de ahí ya no hay vuelta atrás.
Es una película más ambiciosa, más irregular en momentos, pero también más valiente. Aquí el mundo mágico empieza a mostrar su lado más cruel.
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