-Recuérdame».
Reza el inicio de 'Hamnet', la maravillosa novela de Maggie O'Farrell, que los nombres de Hamnet y Hamlet eran variantes del mismo nombre en el siglo XVI. Eran, por tanto, intercambiables. ¿Es entonces casualidad que de una tragedia inhumana como es la muerte de un hijo, nazca quizá la tragedia más famosa de la literatura universal? Sabemos que un hijo que pierde a sus padres se convierte en huérfano, pero no existe palabra en nuestro idioma para definir el estado de pérdida que sume a unos padres tras la muerte de su hijo. Probablemente porque aunque el idioma sea algo en constante cambio que se retroalimenta a sí mismo de su entorno, no concibe la existencia material y fonética de un sufrimiento semejante. No se sabe con exactitud si la muerte de su único hijo varón inspiró a William Shakespeare a escribir su imperecedero drama sobre el príncipe danés, así que Maggie O'Farrell se vale de una reconstrucción histórica y onírica sobre la vida del escritor más allá de sí mismo, desde un prisma nunca observado; desde el punto de vista de su mujer, Anne Hathaway o Agnes, como prefería que la llamasen.
A medio camino entre el sueño, la vida y la muerte, Agnes vive libre como un águila, aprendiendo la naturaleza como quién aprende sus lecciones de latín. Fiera, salvaje, indómita y vibrante, Agnes vive una existencia extraña para muchos pero magnética para su marido William. Ambos se enamoran como locos, viven como locos y sueñan como locos, porque los mal llamados locos aman más intensamente, sienten todo más intensamente y sufren hasta la médula espinal. Así pues, cuando su hijo Hamnet fallece, el mundo explota, los cimientos de su casa se derrumban y cada átomo que compone sus cuerpos deja de funcionar con normalidad. Agnes se abandona a la tristeza que sólo las madres pueden llegar a conocer mientras su marido vuelca su dolor en el arte. Se vuelca en crear algo nuevo e inmortal a partir de la partida de su hijo, como un último truco de magia, una especie de sortilegio para engañar a la muerte y así retener el recuerdo para siempre.
Bellísima, tristísima y con una melancolía que escapa por cada encuadre, como si ella misma nos interpelase, nos vaticinase algo tremebundo que culmina en un último acto magnífico que te obliga casi a contener la respiración. Como si fueses un intruso observando algo extrañamente multitudinario e íntimo, como si fueses un ratón observando desde una esquina, intentando no interrumpir la acción con tu mirada pero incapaz de apartar los ojos. Incapaz de dejar de mirar, porque cuando aprendes a mirar a la ternura y la sensibilidad de frente, ya no hay vuelta atrás. Estás viva pero muerta, te crecerán flores en todas tus heridas pero sigues sepultada en una tumba abierta, verás el mundo cambiar pero tú ya sólo eres ceniza. Eres una brizna de hierba movida por el viento, presente en todas las cosas pero incapaz de resurgir.
Cuando las palabras no alcanzan para describir la belleza y tragedia de una película así, una debe guardar silencio, encerrarse un poco en ese huequito herido dentro de una misma y dejarse abrazar por su propia piel; porque hace falta mucha vida para enfrentarse a la muerte y hace falta mucha muerte para enseñarnos a vivir de verdad.
Comentarios
Un honor compartir contigo la existencia.
Para mí sí que es un honor compartir existencia contigo, compi.
Es una película durísima y no creo que fuese capaz de verla si fuese madre, así que es un sufrimiento que debes ahorrarte. Bastante jodida es ya de por sí la vida como para castigarnos con eternos miedos como fauces de lobos abiertos. Gracias por leerme siempre con tanto cariño.
Puf tía... es que yo creo que desde que leí el libro en 2023, no salí de él! Cómo construye toda la atmósfera, el momento de Hamnet y Judith, la función... es increíble lo que lloré leyendo todo esto :(
Siempre me llegas directa al kokoro ♡.