Sin duda, la fuerza narrativa recae sobre la actuación de Jessie Buckley. Destacaría la escena final en la que Agnes descubre y experimenta que su marido ha escrito una obra trágica sobre su hijo y que este quedará inmortalizado en ese teatro para siempre, de la manera en la que el niño había soñado pero sin que él pudiera vivirlo.
Hamnet no es la mejor película del año, pero tiene un par de escenas que te remueven, como el origen del famoso “ser o no ser” o la descorazonadora escena en la que Hamnet le promete a su hermana que engañará a la muerte haciéndose pasar por ella porque esta no será capaz de reconocerlos, una clara alusión a la escena que compartían al inicio de la película cuando intercambian sus ropas.
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