Crítica de E.T., el extraterrestre por Obscuritas
Lo que parece una excursión a la Tierra por parte de unos seres extraterrestres termina con el pequeño de la familia quedándose solo y abandonado, queriendo volver a casa y asustado por todo lo que le rodea. Pero conoce a Elliott, con quien entabla una de esas amistades tan improbables y a la vez tan bonitas, y a sus hermanos, que también serán cómplices en todo lo que les pase. Porque hay gente interesada en atrapar al pobre niño extraterrestre y no con buenas intenciones.
Es una película totalmente ochentera, de esas con un grupo de niños que ensalzan valores como la amistad, la familia, el hogar... Es una historia tierna, con momentos divertidos, como ese disfraz que le ponen a E.T. y que parece Snape con la ropa de la abuela de Neville, pero también otros dramáticos, como la parte de la planta. Por alguna razón también es de esas películas que huelen a Navidad, perfectas para ver en familia y que se convierten en una tradición anual, aunque no es mi caso, pero sí recuerdo tenerla en VHS entre otras como Casper, Jumanji o Men in black.
En 2026 a quién no le suena E.T. queriendo llamar a casa, o esa escena de la planta que ya he mencionado o, por supuesto, la de la bici, la más conocida y seguramente homenajeada de todas, con una banda sonora también archiconocida. O quién no ha visto a Henry Thomas y a Drew Barrymore tan jovencitos. Y la ciencia ficción tiene un serio problema a la hora de afrontar el paso del tiempo, pero la verdad es que este pequeño extraterrestre no ha envejecido nada mal, tal vez por no abusar del CGI, y es que E.T. caminó para que Baby Yoda pudiera correr, son dos niños con cara de viejecitos a los que hay que proteger de todo mal, porque además la humanidad tiene esa manía de perseguir y querer corromper todo aquello que no entiende y le da miedo.
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