Así que, por supuesto, estoy convencido de que todo espectador que se plante ante Cruella va a dar por amortizada su entrada y su tiempo.
SIn embargo, no puedo terminar la crítica sin hacer referencia a un aspecto que me parece relevante. Quiero advertir que no me considero un moralista y que lo que se conoce como "toque Disney" me parece discutible como influencia positiva en la infancia, pero dicho esto, no puedo evitar señalar el hecho de que hayan coincidido (relativamente, pues no estamos hablando de estrenos simultáneos sino sucesivos y en varios años) filmes que convierten en héroe, legitiman, blanquean, o como quieran llamarlo, a personajes que en el imaginario colectivo siempre han sido tenidos como "villanos", es decir, la personificación de aquellas características de las que quisiéramos cuidarnos. Así, a vuelapluma, se me ocurren los casos de Maléfica, Harley Quinn y Jocker dentro de esta tendencia. Aun renegando de la narrativa maniquea que establece una línea indivisible entre el bien y el mal, me parece muy significativo que en este periodo histórico se haga que estos personajes diluyan esa línea o que hagan que él público la flanquee.
Los veteranos recordarán como en los años 80, coincidiendo con los gobiernos de Reagan y Tatcher, y su controvertido periodo neoliberal subrayado por la descomposición del bloque socialista, se desató una pequeña polémica cuando el público adoptó como "héroe" a Freddy Kruger, jaleando sus apariciones y sus crímenes, hecho que fue continuado con una mayor preponderancia del Jason o Mike Myers en las tramas de sus películas.
Curiosamente el fenómeno parece repetirse, con muchos matices, en un momento político marcado de nuevo por personalidades de un corte peculiar, nuevamente dentro de un neoliberalismo feroz, donde se demoniza cualquier cosa que suene a colectivismo. Estos personajes llegan para decirnos que no está tan mal ser egoísta, saltarse las normas (sobre todo las éticas) para conseguir los fines, que son resultado de una sociedad cruel en la que la alternativa era ser engullidos por ella. Frente a ellos, el publico sucumbe ante su carisma, se deja doblegar por su fascinación. al tiempo que el mensaje de si ellos son aceptados, con todos su defectos, cómo no lo voy a ser yo que, al fin y al cabo, cuento con defectos infinitamente menores. Es más fácil reconocerse en las debilidades de estos personajes y resistir la comparación con ellos que no con los héroes, es más fácil decirle a alguien que puede permitirse ser cruel, que se disculpa su egoísmo, que todo eso está en su naturaleza, en lugar de esperar que alcancemos la mejor versión de nosotros mismos. Tal vez por eso, resulten convenientes a este momento en la que los poderosos no quieren héroes que les cuestionen, sino individuos que asuman que si tenemos dirigentes terribles es porque esa característica también está en el que los elige; decir que tenemos los dirigentes que nos merecemos lleva implícito el decir que no nos merecemos dirigentes mejores y eso es el germen que mata cualquier esperanza de cambio.
Tal vez sea solo mi imaginación malpensada, pero pensemos un momento en ello.
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