Hay que reconocer que, a pesar de los horribles fondos verdes (es imposible filmar puestas de sol reales en una playa, ¿no?), "Aquaman" nos hace salivar con su plano inicial que revela los orígenes de Arthur Curry, gracias sobre todo a un enfrentamiento bastante loco protagonizado por su madre interpretada por Nicole Kidman. Poco a poco empezamos a soñar que, por fin, estamos ante un "Aquaman" que colmará todas nuestras esperanzas. Pero lo que viene a continuación no tarda en decepcionarnos...
¿Qué quería hacer James Wan? Esa es probablemente la gran pregunta que nos quedará en la cabeza después de 2 horas y 24 minutos a la velocidad del rayo, cuyo único objetivo es ver a Arthur Curry sentado en su trono. 2 horas y 24 minutos de una especie de película que parece buena pero no enorme, aparentemente asumido (si no lo es, es aún peor) y que se reduce a un aluvión de escenas de acción con apuestas tan simplistas como precipitadas. Como decía al principio, Aquaman es un superhéroe cuyos poderes y universo están inevitablemente un poco desfasados, pero verlo maltratado de esta manera en un delirio con diferentes capas de "batiburrillos" es alucinante. Para su primera aparición en la película, durante el rescate de un submarino, Aquaman parece haberse escapado directamente de un mal DTV de los 90: bromas cursis ("Permiso para subir a bordo" son sus primeras palabras.... ), guitarras eléctricas tarareadas y miradas malvadas a cámara lenta, nos da pena este Aquaman que marca una verdadera regresión con respecto a nuestras expectativas (casi esperamos verle codearse con Dolph Lundgren para llevar el delirio al límite ya que está ahí quién sabe por qué razón).
Apenas recuperado de este "reencuentro" y, a pesar de una sonrisa en una agradable escena de bar, toda la delgada trama principal de la guerra por el codiciado puesto de rey de las profundidades se desgrana en una secuencia de escenas tan apresurada que da la medida completa de la inverosímil falta de desarrollo de la película. Así que sí, en realidad no tiene la culpa de nada en este caso: un Aquaman bondadoso luchando contra los planes beligerantes de su malvado hermano con una Mera de por medio es un clásico de este universo, pero la película se conformará con eso, utilizando únicamente este esqueleto tan exiguo como pretexto para explotar la riqueza del mundo acuático en pantalla de una forma más o menos feliz.
El resto, por así decirlo, se reduce a encontrar el tridente antes de la inevitable batalla final... y ahí lo tienen, hay algunos escasos tiempos muertos explicativos, pero dan la sensación de estar ahí por obligación, sólo para dar a las gentes de los distintos reinos del mar un tiempo en pantalla muy necesario. Pocas veces una película se ha burlado tanto del desarrollo de sus propias tramas para centrarse únicamente en la acción.
Y luego, mientras tanto, tenemos que aguantar los patéticos chistes del héroe a dúo con Mera en una especie de número de aventurero retro muy malo (la química entre Jason Momoa y Amber Heard es inexistente, lo que no ayuda), siempre a un ritmo frenético por diversas partes del globo acuático para enmascarar la nada en la que se basa la película. También hace acto de presencia un simpatiquísimo Black Manta (su traje parece salido de una convención de cosplay), pero en un papel que, de cortarse en el montaje, no cambiaría absolutamente nada de la trama. Sólo Patrick Wilson le da un poco de envergadura a su papel de villano (sus escenas de enfrentamiento con Aquaman son de las pocas que tienen un mínimo de tragedia), pero su credibilidad se ve mermada por un color de pelo que pasa de rubio platino a castaño sin explicación alguna (probablemente una lubina se encargó del montaje).
Así que, como habréis deducido, argumentalmente "Aquaman" se hunde hasta el fondo y deja multitud de marisco podrido a su paso, pero por suerte la película sale un poco mejor parada visualmente. Como hemos dicho, todo aquí es un pretexto para revelar la extensión de este universo, y no se puede negar que James Wan es generoso a la hora de transmitir su riqueza. ¡La cantidad de escenarios diferentes por los que nos lleva “Aquaman” roza lo indecente! No todas son felices (Atlantis es una curiosa mezcla entre un decorado de "Valerian", de Luc Besson, y la ciudad acuática de "La amenaza fantasma"), pero el gran número de ellas hace que se olviden rápidamente los fallos y sólo se recuerden las grandes (el encuentro con las criaturas del abismo es la cumbre).
Más o menos la misma regla para las escenas de acción: dada su profusión, seguro que hay alguna que se nos queda grabada en la retina. Aparte de la mencionada introducción, es imposible no dejarse seducir por la alocada persecución del disfrazado Black Manta por los tejados de un pueblecito italiano, una impresionante pieza de bravura que en realidad es sólo un aperitivo antes de la orgía de la última media hora. Porque sí, el acto final de "Aquaman" es una especie de porno-película capaz de provocar instantáneamente un orgasmo en un pescadero fan de "El Señor de los Anillos" gracias a su locura, su bestiario, su escala... y a un Aquaman que por fin encuentra ese equilibrio entre el tambaleante enfoque retro kitsch que regía el largometraje y una pizca de modernidad.
Al final, quizá sólo en estos instantes finales la visión de James Wan de "Aquaman" cobra por fin sentido, con este héroe por fin en su firmamento y a caballo entre varias de sus variantes impresas. Antes de eso, tuvimos que verle fantasmear en una superproducción que se centraba únicamente en la acción y los efectos visuales de su universo, en detrimento de... bueno... todo lo demás. Si de verdad el DCU quiere volver a levantar cabeza, va a tener que ofrecer mucho más que esta bullabesa mal cocinada …
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