Me gusta especialmente cómo transmite esa idea de buscar la felicidad en los demás, aunque a veces se note que ese impulso nace también de la propia soledad. Hay momentos que rozan lo ingenuo, sí, pero no lo veo como algo negativo. Más bien como una decisión consciente de mirar la vida desde un lugar más luminoso, incluso cuando no todo encaja.
No es una historia profunda ni lo intenta, pero tiene un magnetismo raro, de esos que te acompañan después. Te saca una sonrisa sin pedir permiso, te envuelve con su ritmo tranquilo y te recuerda que las pequeñas cosas —un gesto, una mirada, un detalle absurdo— pueden tener más peso del que solemos admitir. A mí, al menos, me deja con una sensación agradable, como de haber estado un rato en un lugar bonito al que no siempre se puede volver.
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