Esta nueva temporada de Scrubs logra ambas cosas: aunque de primeras la excusa para lo planteado pueda sentirse forzada, cuando uno considera que esto no tiene en cuenta la novena temporada sino que sigue directamente al final de la octava se siente más natural, y se ha hecho de manera que uno podría creer que Scrubs lleva sacando temporadas todos estos años porque el estilo sigue siendo el mismo, pero a la vez ha sabido evolucionar no solo por mencionar temas actuales como los influencers o la IA, sino por saber ver que algunas cosas que hacía antes ya no están bien vistas, pero no simplemente rechazándolas o haciendo como que no pasaron sino siendo conscientes de que las cosas han cambiado y planteando esto de manera directa (y eso que Scrubs no era precisamente una serie problemática en su momento).
Lo más destacable es el tema de mantener el estilo porque de los personajes clásicos, los únicos (y la verdad es que «los únicos» es algo que no parece del todo correcto decir respecto a ellos) a los que seguimos son J.D., Turk y Elliot; tendremos alguna cara antigua pero casi más como cameos que como personajes secundarios, pero aun así sientes estar viendo la vieja Scrubs aunque ya no tengamos largas ensoñaciones de J.D. o que el hospital ya no sea un hospital abandonado como era en la serie previa sino escenarios montados.
También han logrado que los nuevos internos nos lleguen a importar a diferencia, ya no solo de la novena temporada, sino también de la octava.
Respecto al final, aunque hay planes para cinco temporadas, no se ha renovado todavía para la segunda y si resulta que se cancelara el final quedaría abierto, pero no me parece un final abierto que no funcione porque no es un cliffhanger que te deja sin saber qué pasará sino, como en aquel lejano My Finale, te deja pensando en lo que podría ser del futuro de estos personajes.
En definitiva, quien disfrutara de Scrubs debe ver esta serie sí o sí, especialmente si la novena no le gustó.
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