Crítica de Lo que hacemos en las sombras por Pinwi
La serie sigue a un grupo de vampiros que llevan siglos conviviendo y al criado de uno de ellos, en su día a día actual en la ciudad de Nueva York.
Llevamos el estilo de The Office a una casa habitada por vampiros. Unos vampiros que han estado en esa casa casi como si de una cueva se tratara, saliendo de ahí lo justo para saber que sigue habiendo humanos fuera, pero muy poco como para ir adaptándose a los cambios, por lo que sus costumbres son muy retrógradas (normalizan el tener criados pero no tienen absolutamente ningún tabú con el sexo, por ejemplo).
Con un desconocimiento por las cosas modernas, estos vampiros llevan por bandera una ingenuidad que ha sido uno de los puntos recurrentes y, como en The Office, mostrarán sus expresiones mirando a cámara o haciendo "declaraciones" fuera de escena, porque también se supone, que están rodando un documental.
También con el paso de las temporadas, veremos desfilar algunas criaturas, con un toque muy artesano rozando una cutreza autoparódica que ha ido muy a juego con todo lo demás.
Con humor mordaz, a veces bestia, a veces más absurdo, humor negro, sexual, ingenuo, es una serie que por lo general ha aguantado bien el paso de las temporadas. Que sí, que las hay mejores y peores, pero siempre tuvo un mínimo de chispa, alguna mínima risa en cada episodio. Nunca tuve ansia por ver el siguiente episodio o temporada, pero ahora que he acabado la serie, es una pena. Aunque supongo que siempre es mejor así que exprimir hasta el agotamiento.
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