Crítica de Las de la última fila por Migatoyyo
Hace más de diez años, Guillaume Canet se marcó otra joya , "Les petites mouchoirs" (Pequeñas mentiras sin importancia) con ingredientes similares: amigos treintañeros que tienen que enfrentarse a la realidad de la vida que es y no la que pudo haber sido, apoyado en una banda sonora impactante. En aquel entonces, Sáchez Arévalo se marcaba una de sus mejores películas "Primos" donde los protagonistas eran solo hombres, pero que, en tono de comedia, nos ofrecían otro tratado sobre la amistad. Ahora Sánchez Arévalo, más maduro por naturaleza, está más cerca de aquel Canet que de su propia visión y, también apoyado en una sobresaliente banda sonora que recomiendo escuchar por sí misma, mezcla con delicadeza comedia y drama a través de cinco personajes femeninos vulnerables y de carne y hueso.
Empezaba mi comentario diciendo que Sánchez Arévalo asume riesgos, pues su acercamiento al universo femenino será polémico para una parte del público potencial que puede acusarla de "feminista", como si eso pudiera ser un demérito, y hacerle la guerra (he visto algunas puntuaciones ridículas en otras páginas), pero la serie destila sensbilidad y emoción en cada capítulo, y muestra una sensación de libertad muy gratificante, libertad de la que se siente cuando puedes comportarte como te dicta tu corazón, no libertad de tomarse una cerveza en una terraza.
"Las de la última fila" es un lujo de serie, con unas interpretaciones fabulosas, algunos cameos muy acertados y con gestos, muchos gestos sencillos, casi sin importancia para los que no los viven, de los que mantienes en tu memoria de por vida y a los que recurres cuando ya parece no quedarte nada que abrazar.
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