Dicho de otro modo: la serie sigue siendo ciencia ficción, solo que más terrenal. Es decir, ya no tenemos tantos viajes intergalácticos como antes, pero, a cambio, se dedica más tiempo a parodiar situaciones que a casi todos nos resultarán familiares, ya sea la afición por los maratoneos seriéfilos, la obsesión por las criptomonedas, la paranoia social en épocas pandémicas, el imparable consumismo tecnológico, la locura de la metarrealidad o la creciente cultura de la cancelación. Temáticas muy cercanas a nosotros y que, por si no dieran ya bastante juego por sí solas, alcanzarán nuevos y disparatados niveles de absurdez gracias a la intervención de Fry, Leela, Bender y compañía. Una buena forma de reinventarse que, pese a no resultar quizás tan rompedora como en su momento, todavía conserva su divertida visión de la estupidez humana y su irreverente sentido del humor. No sé qué pasará en próximas temporadas, pero, si continúan así, larga vida a 'Futurama' (y al Hipnosapo).
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