Suzanne es una psiquiatra que acaba de volver de una baja tras un accidente que le ha roto la vida. Incapaz de sobreponerse a la tremenda ola de opresión que siente en el pecho, decide hacer lo que mejor se le da, entender y ayudar a personas a las que nadie quiere entender ni ayudar. Quizás así, poco a poco, esa sombra que amenaza con engullirla acabe sentándose a su lado, ayudándola a ella misma a tenerse un poquito de compasión y no castigarse tanto. Allí conocerá a muchos pacientes que le cambiarán su forma de entender la psiquiatría y el alma humana, pero también conocerá a gente que le devolverá la fe. La fe en que todavía le queda mucha vida por vivir, que el seguir adelante se hace cada día y que no todo está perdido mientras quede un hilo de esperanza.
No siempre vamos a entender los motivos detrás de un acto violento, ni tampoco tenemos por qué ponernos en el lugar de una persona que nos ha arrebatado a alguien querido o que simplemente nos ha jodido, pero existe algo casi alquímico en esas personas que consiguen hacerlo que, aunque se trate de su trabajo, realmente deciden tratar de buscar una explicación, sentarse a compartir una sopa o simplemente escuchar. Lo más sencillo y complejo del universo; escuchar, otra etimología que me encanta y que puede cambiarle a más de uno la vida. Tampoco haremos del mundo un lugar mejor escuchando a la vecina del quinto o prestando un poco más de atención a las cada día más preocupantes ojeras del panadero, pero aquí seguiremos, dando por saco y sosteniendo que la empatía es tan importante como pagar impuestos. O al menos debería serlo.
«Supongo que nunca dejamos de ser niños heridos».
Comentarios
La empatía es el don de sufrir x2.
Disparito al hígado y a seguir ♡.
Muchas gracias Daniel :)