Crítica de And Just Like That… por Sandris
Redactada:
2025-08-18
Hay tantas cosas mal con este spin off que su cancelación me ha supuesto un oasis de felicidad en medio de un calor infernal, como cuando el ventilador te da de lleno en la cara o te comes un helado de vainilla al volver de la playa. Porque ‘And just like that…’ no es ni siquiera una serie, no se ha esmerado en construir una historia que continuase la línea argumental de ‘Sexo en Nueva York’ en ningún momento y mucho menos se han molestado en adaptarse a la vida real. Vale que acusar de falta de rigor vital a una ficción es casi un atentado, pero chica, una necesita desahogarse y a mí este pijerío del pleno Upper East Side donde todas van vestidas como si fueran a la boda de su mejor amiga 24/7, me agota. Porque sí, lo único en lo que la serie ha invertido buena parte de su caché ha sido en crear un bonito escaparate. Bolsos, zapatos, restaurantes de alto standing, joyas, galerías de arte… Todo parece pertenecer a otro mundo, como Alicia en el país de las maravillas pero hasta arriba de Lorazepam porque todo suena hueco, vacío. No encontrarás ni una pizca de alma en lo que ves en pantalla, salvo en un par de momentos cruciales al inicio de la serie, el resto es casi confeti.
La historia no empezaba mal, de hecho a algunas nos dio un bofetón en la cara con la mano abierta y nos sumergió de lleno en el complicado mar del duelo, la melancolía y el tener que rehacer tu vida cuando ya creías tener tu vida hecha. A partir de este momento, todo se vuelve borroso y difuso, como si hubiesen metido varias tramas en la lavadora a ver cuál salía. Esta serie es casi un experimento sociológico en el que se intenta hacer algo moderno, que encaje con la nueva mentalidad del momento y atrevido pero se queda todo en un bluf esperpéntico. Lo que Darren Star (creador de este mi sinvivir) ignora, es que no hacía falta empeñarse tanto en dejar atrás el legado que le precedía, ya que ‘Sexo en Nueva York’ era una pijada insufrible pero, al mismo tiempo, la fantasía en la que todas hemos vivido alguna vez. Ojalá hubiera apostado más por abrazar su pasado en lugar de a intentar destrozarlo con un mazo.
Al final, tras tantas idas y venidas encima de sus imposibles tacones, su esnobismo y su rictus de escritora del siglo XIX aquejada de tuberculosis, Carrie acaba por comprender (muy en su fuero interno, pero mucho), que todo es una pantomima, que su vida es un espectáculo de variedades vacuo y vacío desde el momento en el que Samantha abandonó este barco. Porque sí chicas, Samantha era el alma de ‘Sexo en Nueva York’ y eso no hay secundarios, Manolo Blahnik y todos los bolsos / vestidos del mundo que lo discutan. Samantha era la única capaz de decirles las verdades a la cara a sus amigas, porque eso hacen las amigas, se ríen de ti con tus traumas, a veces las quieres agarrar del pelo, pero las adoras porque sabes que son tu familia. Da igual las veces que les cuente su dramonaco con Mr. Big o Aidan, porque Miranda, Charlotte y Samantha siempre estarán ahí para ella. Eliminar a Samantha de la ecuación es eliminar el único vestigio de sinceridad, realismo y sarcasmo que estas mujeres tenían en sus vidas. Lo cual hace que esto sea como presenciar un accidente de autobús, no quieres mirar porque te da cosa pero acabas mirando porque el morbo puede contigo. Y el chisme supongo.
La historia no empezaba mal, de hecho a algunas nos dio un bofetón en la cara con la mano abierta y nos sumergió de lleno en el complicado mar del duelo, la melancolía y el tener que rehacer tu vida cuando ya creías tener tu vida hecha. A partir de este momento, todo se vuelve borroso y difuso, como si hubiesen metido varias tramas en la lavadora a ver cuál salía. Esta serie es casi un experimento sociológico en el que se intenta hacer algo moderno, que encaje con la nueva mentalidad del momento y atrevido pero se queda todo en un bluf esperpéntico. Lo que Darren Star (creador de este mi sinvivir) ignora, es que no hacía falta empeñarse tanto en dejar atrás el legado que le precedía, ya que ‘Sexo en Nueva York’ era una pijada insufrible pero, al mismo tiempo, la fantasía en la que todas hemos vivido alguna vez. Ojalá hubiera apostado más por abrazar su pasado en lugar de a intentar destrozarlo con un mazo.
Al final, tras tantas idas y venidas encima de sus imposibles tacones, su esnobismo y su rictus de escritora del siglo XIX aquejada de tuberculosis, Carrie acaba por comprender (muy en su fuero interno, pero mucho), que todo es una pantomima, que su vida es un espectáculo de variedades vacuo y vacío desde el momento en el que Samantha abandonó este barco. Porque sí chicas, Samantha era el alma de ‘Sexo en Nueva York’ y eso no hay secundarios, Manolo Blahnik y todos los bolsos / vestidos del mundo que lo discutan. Samantha era la única capaz de decirles las verdades a la cara a sus amigas, porque eso hacen las amigas, se ríen de ti con tus traumas, a veces las quieres agarrar del pelo, pero las adoras porque sabes que son tu familia. Da igual las veces que les cuente su dramonaco con Mr. Big o Aidan, porque Miranda, Charlotte y Samantha siempre estarán ahí para ella. Eliminar a Samantha de la ecuación es eliminar el único vestigio de sinceridad, realismo y sarcasmo que estas mujeres tenían en sus vidas. Lo cual hace que esto sea como presenciar un accidente de autobús, no quieres mirar porque te da cosa pero acabas mirando porque el morbo puede contigo. Y el chisme supongo.
Guion
0 ✮
Banda sonora
0 ✮
Interpretación
0 ✮
Efectos
0 ✮
Ritmo
0 ✮
Entretenimiento
0 ✮
Complejidad
0 ✮
Sentimiento
0 ✮
Duracion
0 ✮
Credibilidad
0 ✮
Fotografía
0 ✮
Dirección
0 ✮
Valoraciones en tu crítica:
Mostrar todos los comentarios
Comentarios
La reina entre las reinas.