Crítica de Tiburón blanco: La bestia del mar por Pinwi
La historia sigue a un grupo de soldados que cuyo barco ha sido hundido en plena Segunda Guerra Mundial, y ahora deben sobrevivir también, a un gran tiburón blanco.
Pues de esas ocasiones que con lo limitada que está, tanto de recursos de la película como por la trama en sí, pues la ejecución no ha estado mal.
Una vez que los soldados aturdidos sobreviven al hundimiento de su barco, se reúnen y se establecen en pequeñas balsas, y no hay más, un tiburón que se los irá comiendo poco a poco, uno a uno, mientras ven cómo van quedando menos y su final cada vez parece más irremediable.
Dentro de sus propias limitaciones, la película logra exprimirse, y nos da un tiburón que sí, se queda algo cutre, que es un muñecajo que a veces da risilla, pero se aproxima mucho más a los métodos de la primera Tiburón (Jaws), que a un pobre CGI reciente que daña la vista.
Dentro del género, es un mejor placer culpable que muchas, muchísimas otras cutradas, aquí al menos hay donde rascar, un gore decente, pero también hay momentos en los que me he tenido que reir.
Que apenas supere la hora y cuarto también ayuda, y la fotografía está bastante por encima de la cutrada horrenda de turno.
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