Con esa premisa, lo que podría haberse convertido en un inquietante relato de espionaje entre vecinos lo hace en su lugar en un introspectivo, onírico y, por momentos, surrealista descenso hacia algunos de los temores más primigenios del ser humano. Aspectos como la falta de afecto, el miedo a morir solos o la desazón existencial se ven reflejados tanto en la peculiar relación de los protagonistas como en su errática forma de actuar; la cual, además, se agravará debido al convulso ambiente de paranoia pandémica del exterior. El clima social apunta a la decadencia más absoluta, aunque su crudeza contrasta a su vez con leves pinceladas de humor absurdo y momentos musicales que no hacen sino acrecentar el constante aire de ensoñación que arrastra esta historia. Una película sin duda diferente, de tono contemplativo y cocinada a fuego lento, pero también muy interesante en su pesimista visión de un mundo cada vez más globalizado donde un agujero en el techo se convierte, paradójicamente, en la mejor forma de llenar el vacío emocional.
Valoraciones en tu crítica:
Todavía no hay comentarios
Comentarios