Aunque los momentos de comprensión y paz no durarán mucho, porque la vida real irrumpe en esa casa como un trueno atroz en una noche apacible, sembrando dudas, malentendidos y destrozos por doquier. Cuando Ángela se pone de parto y decide regalarnos una escena que te pone los pelos de punta, también nos regala una imagen perfecta de lo que viene a ser nuestra sociedad. Porque no deja de ser el reflejo de que debes ser tú la que se adapte al medio, que nadie hará ni un sólo esfuerzo por comprenderte, aunque seas una mujer sorda en una sala de partos que sólo puede leer los labios a las enfermeras que no paran de hablar todas al mismo tiempo, apartando a tu pareja, la única persona con la que te sientes tranquila y trayendo a una criatura al mundo sin entender siquiera si tienes que empujar, respirar o llorar.
El último tramo del filme es una absoluta maravilla, una barbaridad y un bofetón de realidad a los que nunca se han puesto en la piel de las personas que, como Ángela, habitan nuestra misma realidad, pero que no tienen cabida porque ni siquiera nos molestamos en aprender a comunicarnos con ellas. De ahí que hasta la propia Ángela se vea incapaz de comunicarse con su hija, aceptando casi la lamentable realidad de que quizás nunca sea capaz de establecer un vínculo con ella. Pero los miedos están para vencerlos, mirarlos de frente, aceptarlos y decirles bien claro que no acabarán con nosotros. Son fuertes, ruidosos y gritan mucho, pero a menudo, el simple roce de una mano con otra, una mirada comprensiva y el abrazo cariñoso de una madre los vencen a todos de un plumazo.
No sé yo si existe en este mundo algo más bonito, humano, triste y desgarrador que el cine español, pero bendito sea.
Comentarios
Bueno señora, que esto es de lo más bonito que me han dicho nunca pero tienes delito, pava ♡.
Así que me puedo imaginar el nivel de dramón que conlleva 100 minutos.
A reír aquí no se viene, eso desde luego, pero es una película como la copa de un pino. Encierra demasiada belleza entre tanto dolor.