Crítica de Serendipity por BlackSwan
La química entre John Cusack y Kate Beckinsale es clave. No es una química explosiva ni exagerada, es más bien cercana, natural, como de conversación que fluye sin esfuerzo. A mí eso me gana bastante. Hay miradas, silencios y pequeñas decisiones que pesan más que grandes declaraciones de amor, y creo que ahí la película acierta.
Es verdad que el guion no se arriesga demasiado. Todo es bastante cómodo, incluso cuando parece que va a complicarse. Pero también creo que esa previsibilidad forma parte de su encanto. No siempre apetece ver algo que te remueva por dentro; a veces solo quieres una historia que te envuelva un rato, especialmente si está ambientada en Nueva York y en Navidad, que ya de por sí suma puntos.
Visualmente es una película muy agradable. Tiene ese aire de comedia romántica de principios de los 2000 que hoy resulta casi nostálgico. La música acompaña bien y el ritmo es tranquilo, sin prisas, como si la propia película te pidiera que confíes en el proceso.
Reconozco que la idea del destino puede chirriar un poco según el día en que la veas. Hay momentos en los que me resulta romántica y otros en los que me parece demasiado forzada. Pero incluso con esa contradicción, sigo encontrándole algo especial. No es una gran película, ni pretende serlo. Es simplemente una historia bonita, bien interpretada y con una calidez que hace que, cuando termina, te quedes con una sensación agradable. Y eso, al final, también cuenta.
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