Para quien no estuviera enterado, Melissa Barrera fue despedida por hablar en contra del genocidio palestino, lo que llevó al día siguiente a que Jenna Ortega abandonara la producción en apoyo; incluso si conseguimos desligar esto del sionismo y nos centramos exclusivamente a nivel narrativo, esto implica que ese arco que se estaba construyendo en las dos últimas entregas se queda en nada (que al menos Scream VI vale como cierre para las hermanas) y toca volver a traer a Sidney y buscar tanto una motivación rebuscada para que alguien vaya a por ella otra vez, como explicar porque no estaba más preparada.
Además, como Radio Silence fueron sacados de la producción antes del tema de Melissa por conflictos de agenda, el estilo del film también iba a cambiar, y al final quien ha dirigido y coescrito es Kevin Williamson.
Esto debería ser una gran noticia dentro de lo que ha sido básicamente un hundimiento en directo, porque la icónica apertura que es un clásico del género la escribió él, así como escribió la segunda y la cuarta entrega, ¿sabrá llevar las rendas, no?
El problema es que Kevin Williamson solo había dirigido un film antes de este y se nota muchísimo porque aunque ocasionalmente sabe dirigir una escena y que sea algo más tensa, la mayor parte del tiempo es simplemente mediocre. Lo que no sería problema porque en lo que brilla Williamson es en la escritura, pero es que aquí es penosa.
No hay comentario meta sobre el estado del género en la actualidad; como el film va a girar en torno a Stu (a lo que vuelvo luego), se menciona el concepto de retcon una vez, pero aparte de eso, los comentarios meta se limitan a decir que la motivación del asesino esta vez es diferente y hablar de la nostalgia.
El problema es que no se habla de la nostalgia de manera metanarrativa (aunque se intente vender que sí) sino que todo el fim se cuelga de la nostalgia para hacer ver que es mejor por las referencias, a la vez que no paran de mencionar la sexta entrega y decir varias veces que Sidney no estuvo ahí; lo que además no acabo de entender si es una puya a Melissa Barrera, o tenían la cabeza tan metida en el culo para pensar que ESE fue el problema de dicho film.
Además, cada película iba muy ligada a un comentario concreto: la primera hablaba de las pelis de horror; la segunda, de las secuelas; la tercera de las trilogías; la cuarta, aunque no lo hizo bien, hablaba de los reboot; la quinta de los requel, y la sexta del concepto de franquicia… La séptima no tiene nada de eso excepto hablar de «nostalgia», cuando tanto la cuarta como la quinta ya implicaban dicho concepto e incluso la tercera con el tema del cierre de una trilogía y volver a los orígenes también trataba la nostalgia.
Luego, el otro gran problema de este film es colgarse de Stu. De primeras la idea me gusta porque originalmente los planes para Scream 3 eran distintos pero se cambió a la trama durante la producción de una entrega de Stab debido a Columbine ―lo que implica que dos veces en esta saga una trama ha cambiado completamente porque hay niños siendo asesinados en la vida real―, y supuestamente (porque parece que hay un poco de teléfono roto en todo ello) Stu iba a estar detrás de todo, lo que se ha vuelto una teoría recurrente en el fandom, y si bien es distinto esta revelación en un film estrenado cuatro años después a uno estrenado treinta, paradójicamente este es el mejor momento para jugar con la idea porque vivimos en la época de la IA generativa y los deepfakes, es el momento perfecto para juguetear con la posibilidad de un personaje volviendo de los muertos sin que esto implique magia.
Y aquí está el gran problema con Stu: tanto si está vivo como muerto esto da lugar a problemas en la trama; si está vivo hay que dar cabriolas mentales para aceptar tal cosa (aunque el film plantea hipótesis de cómo sería posible), y si está muerto, hemos perdido un montón de tiempo con algo que no lleva a nada cuando hay otros elementos que podrían haber aprovechado los minutos.
Al final, por jugar tanto con este tema, acabamos teniendo un villano cuya motivación no tiene el menor sentido y se siente extremadamente forzada, y con un whoddunit terrible.
Luego, esto aunque fallara como peli de Scream, podría funcionar como slasher, pero no es el caso porque tampoco hay tantas muertes, y aunque algunas son bastante brutales, los efectos se sienten algo falsos, además que el grupo de amigos de Tatum, la hija de Sidney, los conocemos por un par de escenas y casi no les vemos interactuar, con lo que más allá de ser «amigos de» en la mayoría de casos nos dan igual; especialmente notable es el caso de una de las amigas que, tras uno de los ataques de Ghostface, durante un momento en que la policía interroga a todos sobre donde estaban, esta dice un sitio y Tatum dice que no estaba ahí, y esto podría valer como red herring, pero además de que ya hay unos cuantos, tampoco intentan que sospechemos de ella más veces y tampoco se crea un conflicto entre las amigas porque la siguiente vez que se ven se hablan como siempre.
En definitiva, Scream 7 es de lejos la peor de la saga, y ni siquiera hablo ya del tema de que esto existe en esta forma porque alguien fue despedido por hablar a favor de Palestina, única y exclusivamente como film slasher es terrible.
Si no fuera porque va a tener secuela seguro porque ha hecho buenos números en taquilla, sería una película que recomendaría no ver; pero como incluso en el implausible caso de que se disculpen con Melissa, y tanto ella como Jenna vuelvan a la franquicia, tendremos más participaciones de Sidney y Tatum, seguramente los eventos aquí tendrán más importancia que por ejemplo la tercera entrega que estaba en una especie de limbo.
Valoraciones en tu crítica:
Todavía no hay comentarios
Comentarios