Crítica de Rojo, blanco y sangre azul por Obscuritas
No deja de ser la típica historia de amor que vemos constantemente, tiene todos los clichés en ese sentido, pero no es tan típica, ya que, aunque cada vez es más habitual ver personajes e historias LGBTQ+, casi siempre es la trama "chica conoce a chico y se enamoran", por lo que ya con tener a dos chicos no forma parte del 95% de las películas románticas. Por lo demás sí, tiene elementos vistos y conocidos, pero no deja de ser interesante ver esas diferencias entre el británico y el americano, el príncipe y el hijo de una política, el que ha nacido con todos los ojos de un país puestos sobre él y el que tiene más libertad para hacer su vida y que además nació siendo un niño corriente y anónimo, que eso último también marca la diferencia.
Esperaba encontrar una película ligera para pasar el rato sin pensar demasiado, ya que este género suele ser para eso, y la he encontrado, pero no pensé que me fuera a gustar tanto. Qué le voy a hacer, yo es que soy muy moñas, pero me he reído en varios momentos, me he emocionado en otros y también he muerto de amor en general, sobre todo porque los protagonistas tienen una gran química desde el primer momento, incluso cuando no se pueden ni ver.
La pega que le pongo, y es lo que le baja la nota, es que es todo muy precipitado. Entiendo que una película tiene un tiempo limitado y hay que condensar todo mucho, ahí vienen la mayoría de problemas de las adaptaciones de libros, pero incluso como película independiente se nota todo demasiado resumido y rápido. Cuando Henry ha dicho que ha pasado un año me ha pillado por sorpresa porque pasan muy por encima de todo. Y es por eso, además de porque la película me ha gustado mucho, que ahora tengo ganas de leerme el libro, porque estoy segura de que ahí todo se desarrolla mucho mejor, hay muchos más episodios en la relación y se conocerá mucho mejor a los personajes, dentro de que en la película sí que es fácil entender sus motivos y sus circunstancias.
En general la recomiendo, como entretenimiento ligero y también como película romántica para ver con una tarrina de helado. O con una copa de vodka, como en mi caso, allá cada cual.
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