Comienza como las dos secuelas anteriores (al igual que ésta escritas y dirigidas por el propio Sylvester Stallone), con escenas del final de la película anterior, en este caso, de la pelea con Clubber Lang (Mr. T) y de la posterior pachanguilla privada con Apollo Creed (Carl Weathers), donde queda patente su consolidada amistad tras lo que acontece en la citada película, todo ello mientras suena el éxito "Eye of the tiger" de Survivor, que ya fuera banda sonora en esa tercera parte.
De ahí vamos a la ahora acomodada vida de la familia Balboa, viviendo en una mansión, con sus cochazos y al cumpleaños del tío Paulie (Burt Young), al que le regalan un robot, y ambos, tío y robot funcionarán como alivio cómico durante toda la película, ya sea juntos o por separado.
Luego llega el momento "Que vienen los rusos!", con lo que comienza el conflicto "guerra fría USA-URRS", como ya anunciaban aquellos guantes mecánicos en los primeros segundos de película. Ivan Drago (Dolph Lundgren, He-man, o el primer Punisher, como ustedes prefieran) y su esposa Ludmilla (Brigitte Nielsen o Red Sonja, esposa de Stallone por aquella época) hacen su aparición en los medios alardeando y presentando su moderno sistema de entrenamiento.
Apollo, que se siente viejo y desplazado, decide pelear con Drago en un combate de exhibición para lidiar con su propia crisis, aunque no le guste reconocerlo, espoleado además por su marcado patriotismo. El combate y más concretamente su previa, celebrado en Las Vegas, es un festival de luces, colores y brilli-brilli, con actuación de James Brown imterpretando "Living in America" incluida, lo que a Drago le parece una tomadura de pelo y se mosquea pero bien. Es cierto que Apollo se merece que le den una buena paliza por estar más pendiente de hacerse el gallito y montar el número en vez de estar a lo que hay que estar. Pero Drago, fatalmente, se pasa de rosca.
Es el turno de Rocky, y tras un nuevo montaje musical, que funciona como retrospectiva de las anteriores entregas, con "No easy way out", de Robert Tepper de fondo, se va a Rusia para la segunda mitad de peli, donde se ha agendado el Día de Navidad su combate contra el Toro de Siberia. Allí suena "Burning heart", de nuevo de Survivor, otro temazo de buen AOR (Adult Oriented Rock, así se llamaba este tipo de rock, parece ser que últimamente se estila más Yacht Rock, un pelín más despectivo; los humanos y su maldita necesidad de etiquetarlo todo).
Más momentos musicales durante los entrenamientos, el primero intuyo que debe de ser un original del compositor del escaso score del film, Vince DiCola, puesto que tiran más de canciones, y la que suena en la segunda parte del entrenamiento, tras la llegada de Adrian (Talia Shire), que echaba mucho de menos a Rocky, a Rusia, es "Heart's on fire", de John Cafferty (obsérvese el parecido en el título con la de Survivor), que volverá a sonar de nuevo más adelante.
Lo más notorio de este tramo es el contraste entre las rutinas de entrenamiento de los dos contrincantes: mientras que el ruso entrena en un entorno aséptico, rodeado de un gran equipo y las últimas novedades tecnológicas, Rocky lo hace en un paraje frío e inhóspito, prácticamente solo o ayudado puntualmente por Paulie o Duke (Tony Burton), y con métodos mucho más rudimentarios.
Llegamos por fin al combate, cuyo resultado no es ninguna sorpresa, y tras el que suena el homenaje por parte de DiCola a Bill Conti, compositor de la banda sonora original y gran culpable del éxito de las anteriores películas, con la recuperación, no sin ciertas variaciones, del emotivo momento en que suena el círculo de quintas, al fin y al cabo, difícil acusar de plagio a esta progresión musical que se lleva utilizando desde el barroco.
Y sólo queda el saludo al hijo que le ve por la tele y el discurso final, pseudomoralizante por ingenuo y poco realista, más un nuevo montaje musical de fotos en blanco y negro de la propia película. Sorprende la total ausencia de créditos.
Le pongo un 8 por la cantidad de momentos icónicos que quedaron para siempre en la cultura popular y las buenas canciones que contiene aunque falte la genialidad de Bill Conti y porque en un momento donde las pelis de superhéroes escaseaban, los niños nos teníamos que contentar con este tipo de personajes y hacerlos nuestros. Nostalgia.
Valoraciones en tu crítica:
Todavía no hay comentarios
Comentarios