La idea de utilizar como escenario / caldo de cultivo una sociedad formada por rumanos (locales), húngaros (invasores altivos), gitanos (siempre marginados en su tierra) y añadirle a inmigrantes de Sri Lanka para que estalle todo, me parece genial. Sobre todo cuando los rumano-húngaro-gitanos están desperdigados por Europa mendigando trabajos mal pagados.
Pero con esos elementos potentisimos, el guionista y director se lía y monta una historia sin pies ni cabeza y, encima, la cuenta fatal.
Como extremo del disparate se me ha quedado en la memoria el final alegórico con los falsos osos, que más que hacer reflexionar, mueve a risa.
A mi juicio se puede salvar algo la escena coral de la asamblea popular, que en sus diálogos y evolución recoge la esencia del discurso de la película. Pero hasta esta escena (muy bien diseñada como diálogos) va perdiendo fuelle al no cambiar nunca el plano y añadir elementos en off y otros que diluyen la tensión. Una pena.
Qué decir de los actores: Quiero suponer que se trata en su mayoría de aficionados, porque su expresividad es muy limitada. El niño, sin decir nada, los barre a todos.
Y qué decir, por último, del ambiente rural, como de aldea aislada, en el que viven unos centenares de personas, tienes trenes super modernos y una fábrica de pan para abastecer la zona. Aunque la alegoría con el amasado del pan es evidente, todas las coordenadas socioculturales que abonarían la xenofobia se vienen abajo en ese "decorado".
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