Ayuda mucho a este buen resultado la propuesta visual que plantea, con un llamativo juego de luces y desenfoques en el plano que construyen una atmósfera cuasi onírica por momentos. Belleza cotidiana, sufrimiento interno y mejoría colectiva. El toque feeling good que tiene y su impronta harán que esta película crezca mucho con el boca a boca.
Dentro de lo más destacable del cine asiático que llevamos de década.
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