Crítica de Puñales por la espalda III. De entre los muertos por MrPenguin
Ante tan desolador panorama, Johnson prefiere observar a sus personajes con tanta sarcasmo como compasión; consciente de que la mayoría de ellos, al menos en apariencia, no actúan desde un prisma de pura y genuina maldad, sino más bien desde esa acuciante necesidad que supone, incluso cuando el precio a pagar es demasiado alto, el sentirse parte de algo. Ese matiz más humano, teñido incluso de cierto poso filosófico, encuentra su mejor reflejo en la inesperada dupla formada por Blanc y el joven sacerdote Jud Duplenticy; una pareja tan disonante como complementaria cuya curiosa dinámica personal, siempre a medio camino entre el sentido crítico y la espiritualidad, le permitirá a la película reflexionar acerca de la fe, la culpa y la redención sin, por ello, perder de vista la magia de armar de nuevo el rompecabezas. No faltará tampoco la clásica vis cómica marca de la casa, aunque mucho menos excesiva que en su predecesora y, al igual que la propia estética de la película, al servicio de una historia más oscura, madura y comedida que no solo consolida a 'Puñales por la espalda' como una saga en constante evolución, sino que también demuestra que todavía le quedan unos cuantos pecados por cometer, muchos misterios que resolver y, por supuesto, un buen reguero de cadáveres que interrogar. Si es que el de allá arriba lo permite, claro.
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