Redactada: 2025-12-17
No eran pocos los que ya la daban por muerta y enterrada, pero si algo ha demostrado esta última entrega de la saga, así como su creador Rian Johnson, es su enorme capacidad para seguir reinventando el género y otorgarle, como bien sugiere el título, una segunda vida. Esta vez, y en contraposición a la deriva paródica de 'Glass Onion', optando por un tono mucho más sobrio sobre el que el nuevo misterio en cuestión, situado aquí en una pequeña y apacible iglesia rural, no solo se encargará de sacudir la fe entre su devoto grupo de seguidores, sino también de destapar, como en todo buen whodunit que se precie, sus más oscuros secretos. De hecho, podría decirse que el crimen funciona más bien como síntoma que como detonante; como la inevitable grieta de una comunidad ya rota de antemano y donde el fervor, el miedo y el poder, todos ellos encarnados en la figura del tiránico párroco local, no apelan realmente a la fe como necesario refugio espiritual sino, por desgracia, como perversa herramienta de manipulación. Asesinato imposible, sospechosos en pleno voto de silencio y un desconcertado Benoit Blanc que, por primera vez en su carrera, parece completamente incapaz de resolver el caso. Que el altísimo, ahora más que nunca, nos coja confesados.

Ante tan desolador panorama, Johnson prefiere observar a sus personajes con tanta sarcasmo como compasión; consciente de que la mayoría de ellos, al menos en apariencia, no actúan desde un prisma de pura y genuina maldad, sino más bien desde esa acuciante necesidad que supone, incluso cuando el precio a pagar es demasiado alto, el sentirse parte de algo. Ese matiz más humano, teñido incluso de cierto poso filosófico, encuentra su mejor reflejo en la inesperada dupla formada por Blanc y el joven sacerdote Jud Duplenticy; una pareja tan disonante como complementaria cuya curiosa dinámica personal, siempre a medio camino entre el sentido crítico y la espiritualidad, le permitirá a la película reflexionar acerca de la fe, la culpa y la redención sin, por ello, perder de vista la magia de armar de nuevo el rompecabezas. No faltará tampoco la clásica vis cómica marca de la casa, aunque mucho menos excesiva que en su predecesora y, al igual que la propia estética de la película, al servicio de una historia más oscura, madura y comedida que no solo consolida a 'Puñales por la espalda' como una saga en constante evolución, sino que también demuestra que todavía le quedan unos cuantos pecados por cometer, muchos misterios que resolver y, por supuesto, un buen reguero de cadáveres que interrogar. Si es que el de allá arriba lo permite, claro.
Guion
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Banda sonora
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Interpretación
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Efectos
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