Crítica de Posesión infernal: El despertar por gjulo
'Evil Dead Rise' responde a este dilema en primer lugar, al menos intentando seguir la estela del tono marcado por la película de Fede Álvarez, sin renegar del gore a raudales que ha seguido siendo la única constante real en todas las películas de la franquicia, aparte de su demonio del Libro de los Muertos y algunos planos referenciales de toda la vida. Tras un prólogo que vuelve al territorio más familiar de Evil Dead, la película de Lee Cronin se desvía hacia un nuevo escenario urbano, el de un viejo hotel a punto de ser demolido, donde una joven acude a visitar a su hermana residente y madre soltera de tres hijos. Un acontecimiento repentino hará, por supuesto, que el infame libro infernal llegue a las manos de todas estas personas, rociándolas con generosos chorros de sangre... En cuanto a la trama, eso es prácticamente todo. "Evil Dead Rise" nunca brilla con los rudimentarios arquetipos del cine de posesión, que se contenta con rozar en su acumulación de poder, ni siquiera con sus personajes, cuyos problemas familiares o maternales no sirven más que de depósito de pérfidas líneas para un demonio mucho más desinhibido que la mayoría de sus colegas de este cine. Insignificante y dejada en la superficie, esta cruel falta de perspectiva será la base de un espectáculo que se apoya únicamente en la violencia y sus escenas sangrientas. Porque, sí, en este "Evil Dead Rise", Lee Cronin apuesta alegremente por el gore y reproduce una loca atmósfera nihilista a puerta cerrada con su demonio superpoderoso y al parecer invencible. Sin embargo, todo se reduce a un alboroto inútil, pero nunca memorable por falta de una verdadera originalidad capaz de poner de relieve sus excesos.
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