Crítica de Porco Rosso por MrPenguin
La película, fiel al carácter intrépido de nuestro protagonista, nos invita a una trepidante aventura que, pese al delicado período de entreguerras que sirve de contexto, nunca renuncia a su tono desenfadado ni a su condición de puro cine palomitero. Sigue apreciándose cierta pátina de sátira sociopolítica de fondo, pero siempre desde de la socarrona mirada de un Porco cuya inconfundible silueta, inseparablemente unida a la de su querida aeronave, se recorta contra las coloridas postales de esa vieja Italia que la deslumbrante animación de Studio Ghibli nos regala. Miyazaki, adoptando un tono más adulto que de costumbre, tomaba tan pintoresco escenario para realizar así su particular homenaje al mundo de la aviación —una de sus grandes pasiones— y, al mismo tiempo, lanzar un necesario alegato antibelicista en contra de la opresión y los totalitarismos. Quizás algún día podamos hablar de las guerras como meros y tristes recuerdos, pero, al menos hasta entonces, siempre podremos mirar al cielo y afirmar, sin temor a equivocación, que mejor ser cerdo que fascista.
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