Crítica de ¡Olvídate de mí! por MrPenguin
En ese pulso entre lo que uno desea olvidar y lo que se niega a ser borrado, cruce inevitable donde melancolía y esperanza se encuentran, late el alma de toda la película. Algo que el propio Alexander Pope, en el poema del que surge el título de la película, ya retrató bajo ese poso de amarga belleza que nos recuerda, como bien se encargan de recalcar tanto Michel Gondry como Charlie Kaufman —director y guionista respectivamente—, que nunca hay luz sin oscuridad. Que el amor no se define realmente por su promesa de eternidad, sino por la manera en que es capaz de permanecer, incluso cuando todo se ha roto, dentro de nosotros mismos. El desgarrador proceso de extirpar un sentimiento del recuerdo reconvertido, de la mano de unos fantásticos Jim Carrey y Kate Winslet, en una preciosa elegía fragmentada —tan caótica y emocional como la propia memoria— a los pequeños gestos, a las conversaciones improvisadas y a todas aquellas miradas fugaces, antaño compartidas con la persona especial, que no hacen sino dar forma, incluyendo tanto lo bueno como lo malo, a todo cuanto alguna vez fuimos. La perfecta representación de que todo en la vida son recuerdos y que los recuerdos, personas son.
«Puedes borrar a una persona de tu mente, pero sacarla de tu corazón es otra historia».
Comentarios
Eso tú, que me lees con buenos ojos ( ˘ ³˘) ~°。⋆♡‧₊˚.