Redactada: 2025-08-03
De las incontables locuras que podrían hacerse por amor, quizás el propio acto de enamorarse ya sea, de alguna manera, la mayor de todas ellas. Esa bendita locura que supone el abrir tu corazón a otra persona, dejar que conozca tus más íntimos pensamientos y compartir con ella todo cuanto sientes y padeces, pero también quedar expuesto al más lacerante de los dolores. Cicatrices que nunca parecen sanar y cuyo imborrable recuerdo, escrito a fuego en lo más profundo de nuestro ser, sigue extendiendo su eco más allá del tiempo. A Joel lo despierta uno de esos dolores: difuso, persistente y, en cierto modo, confuso. No sabe qué es lo que lo ha traído hasta la remota Montauk ni por qué siente el impulso de hablar con una desconocida, pero hay algo mágico en ella, en la siempre espontánea Clementine, que le resulta familiar. Como si su alma, ahora reducida a jirones, la estuviera buscando desde antes incluso de saber que la había perdido. El eterno resplandor de una mente sin recuerdos pero que nunca, ni aun con todo el pesar en ella acumulado, ha dejado de sentir.

En ese pulso entre lo que uno desea olvidar y lo que se niega a ser borrado, cruce inevitable donde melancolía y esperanza se encuentran, late el alma de toda la película. Algo que el propio Alexander Pope, en el poema del que surge el título de la película, ya retrató bajo ese poso de amarga belleza que nos recuerda, como bien se encargan de recalcar tanto Michel Gondry como Charlie Kaufman —director y guionista respectivamente—, que nunca hay luz sin oscuridad. Que el amor no se define realmente por su promesa de eternidad, sino por la manera en que es capaz de permanecer, incluso cuando todo se ha roto, dentro de nosotros mismos. El desgarrador proceso de extirpar un sentimiento del recuerdo reconvertido, de la mano de unos fantásticos Jim Carrey y Kate Winslet, en una preciosa elegía fragmentada —tan caótica y emocional como la propia memoria— a los pequeños gestos, a las conversaciones improvisadas y a todas aquellas miradas fugaces, antaño compartidas con la persona especial, que no hacen sino dar forma, incluyendo tanto lo bueno como lo malo, a todo cuanto alguna vez fuimos. La perfecta representación de que todo en la vida son recuerdos y que los recuerdos, personas son.

«Puedes borrar a una persona de tu mente, pero sacarla de tu corazón es otra historia».
Guion
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Banda sonora
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Interpretación
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Valoraciones en tu crítica:

Comentarios

PTG 111
Comentario de Obscuritas hace 11 meses
Qué critica tan preciosa, pingüino, me he enamorado.
PTG 111
Comentario de MrPenguin hace 11 meses
@Obscuritas

Eso tú, que me lees con buenos ojos ( ˘ ³˘) ~°。⋆♡‧₊˚.
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