Y eso me permite hacer una breve reflexión sobre el camino que el cine está tomando. Los que tenemos una cierta edad recordaremos lo difícil que era acceder a cinematografías fuera de la norteamericana, española, francesa e italiana. El cine latinoamericano llegaba como testimoniales co-producciones, el asiático se limitaba al prestigio de Kurosawa, la India no existía pese a que oíamos que era la mayor productora de filmes del mundo y el cine del bloque de Este, era patrimonio exclusivo de intelectuales de izquierdas. Recuerdo con claridad los ciclos de La Dos abriendo mis ojos a otras formas de hacer cine y lo distintas que se veían esas películas. Recuerdo que ver "El Río" de Ray me supuso un gran esfuerzo y que la primera vez que disfruté de verdad con un film "exótico" fue con "Derzu Uzala". Luego vinieron los Yimou, Mikhalkov, Kitano, Lee, Ki-Duk, los filmes de terror orientales, las comedias, los musicales, las pelis de acción... y de pronto nos encontramos con un centro cinematográfico desplazado, con un star system empequeñecido y en crisis evidente que perdería definitivamente su peso de no ser por su capacidad de marketing y de llegar al último rincón de este globalizado, es decir, conquistado planeta. Mongol no es un filme portentoso, no está a la altura de muchos de los clásicos sugeridos en esta crítica, pero da un paso más en la elaboración de un filme de alto presupuesto, en la gestión de una superproducción desde un lugar de la Tierra que hace un par de décadas se nos antojaba recóndito y hoy tiene un lugar en nuestras carteleras.
Crítica de 2009
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