Crítica de Matilda por MrPenguin

Redactada: 2025-11-08
Al igual que ocurre con algunas personas, hay películas que parecen llegar a nuestras vidas, como en el caso que aquí nos ocupa, justo en el momento adecuado. Como si los caprichosos hilos del destino, orquestando su siempre impredecible sinfonía, hubieran querido acercarnos a la historia de Matilda Wormwood cuando, sin tan siquiera ser conscientes de ello, más lo necesitábamos. En ese preciso instante de nuestras infancias donde el colegio, más preocupado por cumplir con el programa educativo que por estimular realmente nuestro aprendizaje, parecía querer convencernos de que leer era más una obligación que, por el contrario, una puerta a nuevas e inimaginables realidades. A ese mágico lugar donde nada es imposible y en el que nuestra peculiar protagonista, fantásticamente encarnada por una Mara Wilson llena de desparpajo, nos iba adentrando al tiempo que daba forma, aun sin renunciar en ningún momento a su tono desenfadado, a esta satírica fábula sobre la soledad infantil, el valor de saber aceptarse a uno mismo y, lo que es incluso más importante, el derecho que cualquier persona debería tener, aunque ello implique el ser tildada de bicho raro, a ser diferente.

Danny DeVito, quien producía, dirigía e incluso daba vida al odioso señor Wormwood, adaptaba el relato homónimo de Roald Dahl con toda la sensibilidad que tan entrañable historia requería, pero también, y aportando su habitual sentido del humor, con la inteligencia suficiente como para no subestimar jamás el público al que iba dirigida. Su mirada, siempre entre el esperpento y la ternura, lograba que la crueldad del mundo de los adultos, aquí llevado hasta la parodia más hiperbólica y disparatada, conviviera en perfecta armonía con el desbordante sentido del humor, de sorprendentes pinceladas de comedia negra, que envolvía a toda la película. Quizás por todo ello, por ese equilibrio entre todo cuanto hace que la vida sea tan amarga y maravillosa al mismo tiempo, es por lo que 'Matilda' sigue siendo tan especial y por lo que sigue apelando, independientemente del momento vital en que la conocimos por primera vez, a esa misma necesidad, tan humana como universal, de descubrir quiénes somos en realidad. De, en definitiva, ser capaces de encontrar un lugar al que pertenecer, una familia en la que encajar y una historia propia que poder reescribir, como si de un libro se tratase, cuando sentimos que la que nos ha tocado no es, ni mucho menos, aquella que nos define.

«Todo el mundo nace, pero no todo el mundo nace igual. Hay quien nace para carnicero, o panadero o cerero. Algunos solamente servirían para hacer ensalada de tapioca. Pero de una manera u otra, cada ser humano es único. Para bien o para mal».
Guion
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Banda sonora
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Interpretación
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Efectos
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Ritmo
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