Crítica de María Estuardo por Migatoyyo
La mano de John Ford está presente en el buen hacer de una película que se ha quedado considerablemente vieja. Rodada casi íntegramente en interiores, con exteriores de estudio, el filme nos permite apreciar una forma de hacer cine que ya ha fallecido. Hay escenas que hoy pueden provocar risa, como el coro cantando ordenadamente a los pies de la reina recién llegada, las interpretaciones son demasiado afectadas (con una Katharine Hepburn histriónica, recordando a la Garbo en poses y gestos) y estáticas en las réplicas, la historia está tan almibarada, sin rigor histórico, que se hace bastante incomprensible; pero con todo eso, aún hay momentos a recobrar, como el momento de la ejecución, con unos planos bellísimos.
De todas formas, todos aquellos que quieran conocer a Ford, o descubrirlo, o disfrutarlo tienen otras películas más celebradas para ello, pero, en caso de apuro... adelante.
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