La pregunta ante semejante ejercicio de cine experimental está clara: ¿De qué trata realmente 'Mad God'? La verdad es que no es sencillo discernir algo de claridad entre su críptica narrativa, aunque, en cierto modo, podríamos entenderla como el metafórico reflejo de nuestra decadencia final como especie inteligente. Del declive de una civilización entregada a su propia e inevitable autodestrucción que Tippett, haciendo uso de toda la potencia plástica de su inconfundible estilo, va construyendo sobre una rica imaginería visual llena de referencias literarias y cinematográficas. Es la Divina Comedia en clave de horror postindustrial. Las macabras ensoñaciones de H. R. Giger plasmadas sobre el incognoscible universo de Lovecraft. El hijo bastardo de la nueva carne de Cronenberg bajo el apocalíptico filtro de una distopía steampunk. Es todo eso y más materializado en un lisérgico viaje a los peores rincones de la condición humana que perturba, angustia e hipnotiza a partes iguales. La creación de un Dios demente que hace ya mucho que perdió la fe en nosotros.
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