Redactada: 2020-04-28
El cine de Chaplin siempre me ha ilusionado, hace que vea sus películas con los ojos de aquella cría que un día se quedó fascinada con ‘Tiempos modernos’ o 'El gran dictador'. Me emociona y llega al alma, completamente. ‘Luces de la ciudad’ puede que sea una de sus películas más emotivas, retratando el amor puro surgido entre un vagabundo y una chica ciega que vende flores en la calle. Ninguno de los dos tiene nada que ofrecerle al otro salvo ellos mismos, pero eso es más que suficiente. Con una puesta en escena de lo más sencilla, Charlot vive mil y una aventuras para ayudar a su amada; ya sea participando en un combate de boxeo o riéndole las gracias a un rico prepotente que malgasta su vida y dinero. Porque los que más tienen son los que menos aprecian la vida, en cambio Charlot y su amada, sin tener absolutamente nada, son las verdaderas luces de la ciudad, las que alteran el orden natural de las cosas, las que hacen fluir la vida y las que dan sentido a todo. ¿Y qué decir de ese final? Las dos frases que lo componen son ya historia del cine.
Una película preciosa que te hace creer que existe gente buena en el mundo.
Guion
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