Me gusta cómo juega con la duda constante: no sabes si estás ante una historia de fantasmas, de culpa, de fe llevada al extremo o de una mente que se resquebraja poco a poco. Esa ambigüedad es lo que mantiene la tensión viva, sin necesidad de sustos fáciles ni efectos exagerados. Todo va más por dentro, y eso se agradece.
La casa no es solo un escenario; pesa, oprime, casi respira. Y las normas, tan rígidas y casi religiosas, terminan siendo tan inquietantes como los sucesos extraños que van ocurriendo. Hay un giro muy potente que recoloca toda la historia, y sin necesidad de explicarlo todo con subrayados.
No es una película para verla distraído. Te exige atención, paciencia y dejarte llevar por esa sensación constante de que algo no encaja… aunque no sepas exactamente qué.
Valoraciones en tu crítica:
Todavía no hay comentarios
Comentarios