Crítica de La leyenda de Tarzán por gjulo
Y ahí entra David Yates con "La leyenda de Tarzán", intentando darle al personaje un aire más moderno, más oscuro… más “importante”. La idea, en el fondo, no es absurda: huérfano, criado en un entorno extremo, habilidades físicas fuera de lo normal… si le pones un traje (o lo dejas sin él, en este caso), podría colar perfectamente en el MCU.
El problema es que parecer un superhéroe no te convierte automáticamente en una película interesante.
Eso sí, hay que reconocerle algo: no repite el origen por enésima vez. Aquí Tarzán ya es Lord Greystoke, vive en Londres y vuelve al Congo por motivos que huelen a trampa desde lejos. Los orígenes aparecen en flashbacks (como debe ser, gracias), pero el enfoque es más de “secuela espiritual” que de reboot.
Y la película se toma muy en serio. Pero muchísimo.
Colonialismo, esclavitud, explotación del Congo, trauma, venganza… todo está tratado con una solemnidad casi religiosa. Este Tarzán no sonríe, no bromea, no se despeina emocionalmente. Es tan intenso que parece que en cualquier momento va a mirar a cámara y pedirnos perdón por existir.
Y claro… eso podría funcionar. Pero necesitaría algo detrás.
Porque, más allá del uso inteligente del contexto histórico (el Congo saqueado por los belgas) y de los mensajes clásicos de la historia (bastante bien trasladados, como la idea de armonía con la naturaleza), la estructura del guion no ofrece más que esto: Tarzán tiene que rescatar a su amada de las garras de un villano. Punto. Todo lo demás intenta inflar esa base con subtramas, discursos y escenas de acción… pero es como decorar un plato vacío. Mucho adorno, poca sustancia.
El reparto tampoco termina de levantarlo. Alexander Skarsgård tiene físico de sobra para el papel, pero su Tarzán es más bien plano, sin ese punto salvaje o carismático que debería tener. Christoph Waltz vuelve a hacer de villano elegante número 335 (ya juega en piloto automático) y Samuel L. Jackson aparece para hacer… básicamente de Samuel L. Jackson. Que oye, siempre suma, pero tampoco hace milagros.
La que mejor sale parada es Margot Robbie, dentro de lo que permite un personaje que sigue siendo, en esencia, “la chica que hay que rescatar, pero con carácter”.
Y luego está el tema visual. La película quiere ser épica, pero le falta ese momento que te haga salta de liana en liana con Tarzán. Intenta compensarlo con efectos digitales por todas partes: los animales funcionan bastante bien, especialmente los primates, pero los escenarios… bueno. Hay planos en los que la jungla parece renderizada con prisas un domingo por la tarde. Ese croma barato que te saca de la película sin pedir permiso.
“La leyenda de Tarzán” es como perderse en la jungla… pero sin aventura. Mucho ruido de fondo, muchas lianas digitales y mucho animal corriendo en CGI, pero ninguna emoción que te agarre de verdad. Va dando tumbos entre árboles, durante una hora y cincuenta minutos, sin saber muy bien hacia dónde ir, y cuando parece que va a lanzarse de una liana interesante… se queda colgando a medio camino.
Y así, sin dejar marca, la película se desliza entre la maleza y desaparece. Ni rey de la selva ni nada: aquí el único depredador es el aburrimiento, que se la come sin hacer demasiado ruido.
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