Así un día pusieron un telefilm español, realizado por un tal "Antonio Mercero", el que años más tarde volvería a paralizar el país con la muerte de un viejo pescador, con un guion firmado por un tal José Luis Garci, que se convertiría años después en honor patrio por ganar el primer Oscar para el cine español y conseguiría reflejar como nadie los años de la transición española, mostrando a una España distinta a la que hasta entonces había aparecido en el celuloide, e interpretado por el gran José Luis López Vázquez, uno de los rostros más populares de la escena española, prototipo del español medio del momento.
Pues lo que consiguieron fue helar la sangre de un país entero con una historia muy sencilla pero realizada con singular maestría. Lo que lograron va más allá del cine, fue uno de esos fenómenos que los que lo vieron no olvidarán y cuentan a sus hijos y nietos. El efecto fue tan impactante que hay quien nunca más entró tranquilo a una cabina y muchos, aunque no lo reconozcan, desde entonces aguantaron la puerta con el pie para que no se cerrara del todo.
Verla hoy seguramente no permita comprender el fenómeno conseguido en una audiencia mucho más virgen y más impresionable, pero créanme, fue un hecho excepcional.
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