Crítica de La ballena (The Whale) por MrPenguin
La película, rodada en formato 4:3, nos confina así en ese reducido y, por momentos, opresivo escenario que es el piso de Charlie para realzar la sensación de soledad y aislamiento de un personaje que, pese a todo, nunca ha dejado de confiar en la bondad de los demás. A través de la infinita ternura y fragilidad que transmite su mirada, Brendan logra crear un crudo contraste entre el incansable optimismo que Charlie desprende y todo ese sufrimiento en el que se encuentra sumido. Una maravillosa interpretación que dota al personaje de una humanidad abrumadora y, al mismo tiempo, hace palpable el enorme sentimiento de culpa que atenaza la vida de un hombre que, por descorazonador que suene, asume que sus días están llegando a su fin. Un panorama que resultará excesivamente duro para muchos, pero que también guarda algo de esperanza para situar a 'The Whale' no solo como un trágico descenso hacia los infiernos de la autodestrucción personal, sino también como un conmovedor retrato sobre lo peor y lo mejor del ser humano y, en definitiva, sobre la vida misma.
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