Crítica de Knight of Cups por Sandris
Como es habitual casi siempre en el cine del director texano, la trama es lo de menos. Lo importante es el viaje, el camino, las sensaciones que logra despertar y el simbolismo con el que rodea cada fotograma. En este caso nos encontramos con un Christian Bale absolutamente perdido en un mundo de apariencias y opulencia. Víctima de la nostalgia del pasado y de un profundo vacío decadente que no consigue llenar ni con sexo, ni con dinero, ni trabajo, se ve abocado al abismo de su propia existencia vagando como un peregrino por el mundo, esperando una señal, aguardando la esperanza de una felicidad efímera y tangible. Algo que le haga despertar.
La impresionante fotografía del mexicano Emmanuel Lubezki acaricia los planos con su cadencia y abraza a los personajes con una melancolía cromática que es casi un orgasmo visual. Con todo, no estamos ante uno de los mejores trabajos de Malick, pero si os pilla en un mal día, os funde. Café para los muy cafeteros.
"Encuentra tu camino... Desde la oscuridad hasta la luz".
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