Crítica de Grupo salvaje por MrPenguin
Peckinpah, firmando así su título más reconocido, nos entregaba este relato de titanes caídos que, pese a la crudeza de su fachada, era mucho más que un western y, desde luego, más que una cinta de acción. Más allá de la sangrienta carnicería a la que acaban reducidas muchas de sus escenas, 'Grupo salvaje' es, además, el melancólico reflejo de todos aquellos a los que el avance del progreso, tan necesario como imparable, dejó sin un futuro al que poder —o querer— mirar. Un retrato de inadaptados y olvidados; de apestados y marginados. De perdedores que solo se tienen los unos a los otros y cuyos destinos, demasiado manchados por pecados que ya no admiten expiación posible, solo entienden el camino de la violencia. Intensísimo adiós al fin de una era que Peckinpah, apoyado en un frenético montaje que apenas da un segundo de respiro, reescribe como un emocionante canto a la amistad, las ansias de libertad y aquel viejo y salvaje oeste cada vez mas salvaje y, por desgracia para algunos, también más viejo.
El poético y largo camino hacia ese inevitable ocaso tras el que nada, ni tan siquiera el propio western, volvió a ser igual.
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