Como Indy tiene los sentidos más finos que cualquier humano, pronto empieza a notar presencias en la casa. Pero por mucho que quiera avisar a su dueño, este está demasiado centrado en su enfermedad para hacerle caso.
El gran mérito de Good Boy es que absolutamente todo está contado desde la perspectiva de Indy. La cámara está siempre a su altura, los planos están medidos para que veamos lo que él ve, y casi nunca vemos las caras de los humanos. El uso de sombras y la iluminación son otro gran acierto, y junto con la música, crean una atmósfera inquietante que funciona bastante bien.
El otro gran acierto es Indy en sí: transmite el miedo, angustia, confusión, lealtad y ese instinto de protección de los perros. Solo por él merece la pena.
Es una pequeña curiosidad que dura apenas 1h15, tampoco creo de para mucho más, pero para lo que propone, está bien.
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