Redactada: 2025-07-13
Afirmaba el propio William Golding, en uno de los pasajes de su célebre 'El señor de las moscas', que la única y verdadera bestia, aquella capaz de infundir auténtico pavor entre sus semejantes, es el hombre. Una pesimista —aunque acertada— lectura de la condición humana que Peter Brook, haciendo honor a su dilatada carrera teatral, trasladaba a una adaptación cruda, directa y particularmente sobria de la novela en la que todo artificio innecesario, al igual que en el relato original, era eliminado en pos de una mayor concisión narrativa. Ni siquiera teníamos un prólogo propiamente dicho, tan solo una breve sucesión de fugaces instantáneas, tristes recordatorios de los horrores de la guerra, que pronto daban paso a esa isla desierta en la que un pequeño grupo de niños, todos ellos supervivientes de un accidente aéreo, se veían obligados a formar su propia sociedad a imagen y semejanza de la nuestra. La democracia no tardaría en comenzar a desmoronarse y, con ella, esa falsa hermandad donde toda norma social acabará reducida, como no podía ser de otro modo, a la ley del más fuerte.

Pese a sus obvias limitaciones en el plano formal, más acentuadas si cabe por la elección de actores no profesionales, la película se sitúa así como un interesante ensayo sobre la maldad, el control autocrático y la facilidad con la que toda civilización, por muy libre que parezca, puede caer ante el surgimiento del miedo. El fin de ese pequeño microcosmos cuyo nuevo orden social, simbolizado en esa cabeza de cerdo rodeada de moscas y elevada a siniestra deidad de la tribu, parecía establecer un poético paralelismo con ese grupo de temerosos infantes, meros títeres ante la tan añorada autoridad, que subsisten al abrigo de un líder corrompido por el poder. Desolador mensaje que logra sostener toda la película hasta culminar en el que ya podríamos considerar, sin lugar a dudas, como uno de los finales más memorables de la literatura universal. La pérdida de la inocencia era ya definitiva y el señor de las moscas, testigo silente de tan dantesco espectáculo, asistía impasible al colapso de una sociedad —amargo reflejo de la nuestra— a la que le bastaba un simple empujón para acabar, al igual que todos esos niños perdidos, naufragando a la deriva.
Guion
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Banda sonora
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Interpretación
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Fotografía
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Dirección
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Valoraciones en tu crítica:

Comentarios

PTG 111
Comentario de Sandris hace 1 año
Cada vez que pienso en mi isla de las lechugas, me viene esta película a la mente (T__T). Fantástica pluma, as usual (^•^).
PTG 111
Comentario de MrPenguin hace 1 año
@Sandris

Es curioso porque yo también pienso en esta peli cuando planeo en cómo robarte las lechugas sin que me ensartes como a una aceituna jaja.
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