Crítica de El hombre de acero por jdmorris
El DCEU tuvo como artífice a Zack Snyder, que ya hizo un gran trabajo en Watchmen, por mucho que no le guste a Alan Moore, que ya sabemos que es un genio pero también más raro que un perro verde. Y lo comenzó dirigiendo él mismo esta película de la que hablamos, con historia de Christopher Nolan y David S. Goyer y guion de este último, en la que se apostó por una mayor oscuridad que contrastaba bastante con lo que estaba haciendo Marvel, y llevando a Superman a un terreno más difícil y atormentado, más cercano a lo que ya habían hecho estos dos con Batman en su trilogía, rompiendo con la imagen que el gran público tenía del personaje. Aunque la jugada no salió tan bien como entonces, por la naturaleza y las características del hombre de acero.
Aviso: voy a contar todo lo que pasa en la película. Si no la has visto aún, mejor no sigas leyendo.
La peli comienza con una intro de 20 minutos acerca de lo ocurrido en Krypton, con Jor-El y Lara interpretados por Russell Crowe y Ayelet Zurer, y donde, al igual que en la del 78 también conocemos al General Zod, interpretado por Michael Shannon, y que es el malo que amenaza con volver. Mucha más acción y efectos que en la versión antigua, ganando en espectacularidad.
La parte de Smallville y la juventud de Clark, que no fue fácil cuando los poderes empezaron a manifestarse por la falta de control sobre los mismos y el miedo a ser descubierto, sabiamente inculcado por Pa y Ma Kent (Kevin Costner y Diane Lane), se nos introducirá en forma de flashbacks desde el presente, en el que nuestro héroe (Henry Cavill), realizando trabajos de lo más variopintos a la vez que echa una mano cuando puede, se ha embarcado en un viaje solitario de autodescubrimiento y maduración, la cual necesita realmente tras ver lo que le hace al camión del tipo del bar, una reacción que no tiene mucho sentido después de escuchar la conversación posterior con Lois ante la tumba de su padre terrestre.
Escucha a unos militares que están hablando por casualidad del hallazgo de una nave en el hielo. Esa nave será la que haga las veces de Fortaleza de la Soledad, para poner un pincho muy moderno que venía con él en la nave que le trajo de crío, y que hará aparecer al sucedáneo de su padre para explicarle de dónde viene y qué es lo que se espera de él.
Allí llega también Lois Lane (Amy Adams), que en poco más de 5 minutos, ya le toca las narices a todo el personal, sea humano o máquina, y tiene que ser salvada por primera vez, con cauterización visual incluida.
Para que no se haga muy larga la charla, lo que es de agradecer, Jor-El continúa hablando en off mientras vemos a Kal-El, que ya se ha puesto el traje, probarlo y aprender a volar después de 3 saltitos y un aterrizaje a lo Ralph Hinkley, pero más heavy. Escuchamos por primera vez las explosiones de sonido que este nuevo Superman causa en los acelerones.
Lois termina descubriendo a su salvador y llega a Smallville, otra vez casi al mismo tiempo que Clark. Allí conoce a la madre y se lo encuentra en la tumba de su padre, donde hablan y, para que no publique nada sobre él, le cuenta cómo murió Jonathan, que pudo haber sido salvado, pero prefirió que su hijo siguiera en el anonimato. Ya en el Daily Planet, Perry White (Laurence Fishburne) está de acuerdo con que el mundo no está preparado para saber de la existencia de un ser como él.
Clark se reúne de nuevo con Martha, y en ese momento llega una nave. Es Zod cumpliendo su promesa, y así lo hace saber, apareciendo en las pantallas de todos los dispositivos que existen, como dice una tipa, mediante RSS, donde le lanza un ultimátum a Kal-El para que se deje ver, amenazando a todo el planeta si no lo hace.
Claro, la gente empieza a meter presión, e incluso el FBI va en busca de Lois para apretarle las tuercas. Mientras, Clark, a falta de padre, busca consejo en un cura, y finalmente decide entregarse a cambio de que suelten a Lois. Antes de hacerlo mantienen otra de sus charlas y vemos cómo los simples mortales se hacen caquita ante Superman.
Cuando la subcomandante de Zod viene a buscar a Clark, pide que también vaya Lois, lo que termina ocurriendo. Zod le cuenta a Superman todo lo ocurrido durante los 33 años que han pasado desde que él y sus acólitos fueron desterrados a la Zona Fantasma, y entre otras cosas le dice que pretende kriptoformar la Tierra y que fue él quien los trajo hasta ella cuando conectó el pincho a la nave de avanzadilla encontrada. Pincho que Lois introduce en la nave de Zod y así vuelve a aparecer Jor-El para poder echar una mano. Superman salva a Lois por segunda vez, que caía al vacío dentro de una cápsula.
Zod baja a Smallville buscando la nave en que llegó el pequeño Clark para ver si allí se encuentra el códice. Maltrata a Martha en el proceso y eso es el acicate que Superman necesita para terminar de entrar en la pelea, a la que se une como tercer bando el ejército, que no hace distinción entre unos kryptonianos y otros hasta que son salvados por el de rojo y azul. Y entre todos dejan el pueblo como el rosario de la aurora. Las fuerzas de Zod se acaban retirando y finalmente Superman y los terrícolas se hacen amigos.
De nuevo en Smallville, Lois dice que sabe cómo acabar con ellos, mientras los malos descubren que el Códice está fusionado con las células de Kal-El. Sacan la máquina planetaria para comenzar a transformar la Tierra y atacar de nuevo sin importar que Superman muera, pues podrán sacar el Códice de él tanto vivo como muerto.
La batalla final ocurrirá en Metrópolis, que ya puede ir preparando el presupuesto para arreglar los destrozos que se avecinan. Superman es atacado por la máquina, que se defiende con el mismo metal que cambia de forma que creó el pincho. Perry White tiene su momento de gloria, ayudando en un escenario que está a la altura de cualquier peli de catástrofes que se precie. Y Lois y Hamilton (Richard Schiff –El ala oeste de la Casa Blanca, The Good Doctor- que me encanta) intentan mientras activar el pincho en la otra nave que al interactuar con la de los malos, hará interferencias y mandará el plan de Zod al carajo. Lois es salvada por tercera vez y por fin hay beso. Clark está muy nerviosito con el tema.
Confrontación final cara a cara entre Zod y Superman. A Zod le da un ataque de conjuntivitis muy chungo, se ve un camión cisterna de Lexcorp, acaban en el espacio, destrozan un satélite, y de vuelta en la Tierra, ante la amenaza inminente de matar a una familia que andaba por el lugar, es Superman quien acaba con él y se enfada por haberle obligado a hacerlo.
Luego, en la conversación que mantiene con el mandamás del Ejército, sale a relucir la eterna pregunta: “¿Quién nos dice que un día no se rebelará contra nosotros?” A lo que Clark contesta: “Me crié en Kansas. No puedo ser más americano.” Pero la duda siempre queda. Para acabar y cuando creíamos que ya no iba a pasar, aparece Clark llegando al Planet y poniéndose las gafas, entrando así en la icónica imagen por la que el alter ego de Superman es más recordado y que en su momento nos dejó pensando en qué sería lo que veríamos en las siguientes entregas.
- ¿Qué es lo que más te ha gustado?
- El poder ver algo en otra onda distinta a lo que estábamos acostumbrados hasta entonces con el personaje. Y bueno, todas estas pelis las disfruto como un enano, sean mejores o peores.
- ¿Qué es lo que menos te ha gustado?
- No veo sentido a que Superman le pida consejo a un cura.
- ¿Qué título alternativo le pondrías?
- Igual que con la del 78, el que ya tiene es perfecto..
Comentarios
Ejemplo una avión se cae y tienes que decidir quien sobrevive en una isla desierta o solo quedan 10 personas en el mundo y hay que elegir a quien. Fue curioso porque eramos un grupo que la mayoria eramos jovenes, pues cual fue mi sorpresa cuando la mayoria escogia entre los elegidos al cura. Manda cojones.
No veas los debates que se originaron y la pena que me dio cuando no bajaron del burro.
Asi que es normal que el estraterrestre más famoso del planeta, junto con ET (aunque para mi es Alf) necesite al parroco para que le aconseje en los momentos de duda existencial. Que ellos tienen un màster universal.
Pero los yankees son así, y si no exiven sus banderitas e ideales, no sienten su orgullo patrio.