Redactada: 2024-10-24
Hay algo frustrante en ver cómo una premisa con tanto potencial se diluye tan rápido. La sensación inicial promete oscuridad, misterio y un mínimo de respeto por el terror clásico, pero dura poco. En cuanto la historia empieza a apoyarse en chistes forzados y poses exageradas, la película pierde cualquier atisbo de inquietud real. El tono nunca termina de decidirse: quiere ser seria, pero se ríe de sí misma; quiere asustar, pero se va de la mano con la acción más ruidosa.

La interpretación de Russell Crowe intenta sostener el conjunto a base de carisma y sarcasmo, pero el resultado es más caricaturesco que convincente. Ese aire de sacerdote pícaro y autosuficiente acaba sacándote de la historia en lugar de meterte en ella. No transmite peso espiritual ni conflicto interior; parece más un personaje diseñado para soltar frases ingeniosas que alguien enfrentándose al mal.

Los exorcismos, que deberían ser el corazón de la película, se sienten reciclados. Gritos, gestos, efectos digitales y poco más. Nada que se quede contigo cuando termina la escena. Y la supuesta conspiración vaticana, que podría haber añadido capas interesantes, entra y sale sin profundidad, como un adorno grandilocuente que no lleva a ningún sitio. Da la impresión de estar ahí solo para parecer más ambiciosa de lo que realmente es.

Lo que queda al final es una mezcla extraña: ni da miedo, ni resulta especialmente entretenida, ni invita a reflexionar. Se ve, se olvida y cuesta recordar una sola imagen que merezca la pena conservar. Más que enfado, deja una sensación de vacío, de oportunidad desaprovechada, y eso, para una película de terror, es casi lo peor que le puede pasar.
Guion
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Banda sonora
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Interpretación
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