Crítica de El exorcista del papa por BlackSwan
La interpretación de Russell Crowe intenta sostener el conjunto a base de carisma y sarcasmo, pero el resultado es más caricaturesco que convincente. Ese aire de sacerdote pícaro y autosuficiente acaba sacándote de la historia en lugar de meterte en ella. No transmite peso espiritual ni conflicto interior; parece más un personaje diseñado para soltar frases ingeniosas que alguien enfrentándose al mal.
Los exorcismos, que deberían ser el corazón de la película, se sienten reciclados. Gritos, gestos, efectos digitales y poco más. Nada que se quede contigo cuando termina la escena. Y la supuesta conspiración vaticana, que podría haber añadido capas interesantes, entra y sale sin profundidad, como un adorno grandilocuente que no lleva a ningún sitio. Da la impresión de estar ahí solo para parecer más ambiciosa de lo que realmente es.
Lo que queda al final es una mezcla extraña: ni da miedo, ni resulta especialmente entretenida, ni invita a reflexionar. Se ve, se olvida y cuesta recordar una sola imagen que merezca la pena conservar. Más que enfado, deja una sensación de vacío, de oportunidad desaprovechada, y eso, para una película de terror, es casi lo peor que le puede pasar.
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