La película sigue a un equipo táctico de narcóticos que recibe un soplo anónimo sobre un posible alijo en una casa, más adelante sabremos de quién procede, y deciden investigarlo. Pero en lugar de encontrar drogas, lo que encuentran son varios millones de dólares, gracias al perrete de la unidad, y una inquilina que supuestamente no sabe nada, y es ahí cuando empieza todo el lío. A partir de ahí, Carnahan se dedica a hacernos dudar de absolutamente todos. Porque no solo está en juego quién se quedará con el dinero, sino también destapar a un soplón dentro del equipo, responsable indirecto del asesinato de la capitana de la unidad. Ahí está la verdadera gracia de la película: el juego psicológico constante y la desconfianza para que no nos fiemos de nadie que plantea el director.
El reparto está lleno de caras conocidas: Steven Yeun y Néstor Carbonell de Perdidos, Kyle Chandler, Sasha Calle, Teyana Taylor, el siempre infravalorado Scott Adkins y, por supuesto el gran reclamo de la película, la gran pareja protagonista formada por Matt Damon y Ben Affleck. Damon lleva el peso dramático con un tono más serio, mientras que Affleck se encarga del papel de tipo duro. Se nota que son amigos de toda la vida por la química que tienen en pantalla. Gracias al carisma y buen hacer de ambos, elevan el nivel de una película que, aun siendo entretenida, sin ellos no dejaría de ser otro thriller policiaco más.
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