Narrado con el estilo propio de Hsiao-Hsien, esto es, un ritmo pausado, un enfoque ajeno a la subjetividad y unos planos sencillos pero muy cuidados. Espectacular es su escena inicial avanzando en esa oscuridad para dar paso al maravilloso paisaje de la otrora llamada Formosa por su belleza, y dura en su resolución como un puñetazo en la mandíbula. Hay un cierto enfoque pesimista que comprendo con los hechos pero que absorbe fatalmente al espectador.
Un buen final para una trilogía interesante sobre la infancia y adolescencia de HH, una fotografía de los distintos hechos que determinaron su relación con el mundo, y, finalmente, un esbozo de esos palos que uno nunca olvida y te marcan para siempre.
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