La canción tiene el sabor añejo suficiente para recordarnos esta circunstancia durante toda su duración.
Es cierto que tiene más de Dalí que de Disney, y es una verdadera delicia ver el imaginario de tan gran artista cobrando vida, solo por eso ya merece la pena. En cuanto a la interpretación, esta vez lo dejaremos a gusto de cada uno, porque el surrealismo y el onirismo dan para mucho. En los créditos finales nos siguen regalando piezas de arte, con bocetos y diseños que fueron creados para el proyecto.
Recomendable, sobre todo para admiradores de Dalí.
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