A través de un tono cómico la narración sigue a un joven fiscal cuya ambición le hará dar el paso al lado oscuro de su función pública, ese lado compuesto por parásitos del sistema que se aprovechan de su posición para actuar de forma caprichosa y arbitraria. Más allá de su componente emocional, del drama personal de su protagonista y de sus dosis de thriller político, es esta denuncia a la corrupción de un país marcado por el abusivo poder de los grandes conglomerados, y con gran cantidad de corrupción en sus instituciones públicas, donde reside la esencia de toda la película.
El guion es bastante bueno, y los dos actores principales, In-Sung Jo y Jung Woo-sung, están muy bien. Si no es tan redonda como podría es por un ligero, pero prolongado, bache en su etapa central que le hace perder la chispa inicial y terminar resultando algo reiterativa en su desarrollo. En todo caso, un mal menor que desaparece en su recta final donde recobra la chispa inicial, o los ojitos traviesos como dice la esposa del protagonista, y sabe rematar bien sus más de dos horas de metraje que resultan algo excesivas por ese bache mencionado.
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